El peor PRI de siempre

El peor PRI de siempre

Por: Salvador Camarena

HUMBERTO MOREIRA
Humberto Moreira, presidente del PRI desde marzo pasado. Foto: El Siglo de Torreón.

El PRI sabe que va a ganar la presidencia en 2012 si logra posicionar entre la población una sola y única idea. El triunfo electoral tendrá poco qué ver con el candidato (un mediático Enrique Peña Nieto o un articulado Manlio Fabio Beltrones no mermarían la estrategia, por supuesto, pero no son tan esenciales). El retorno a la silla presidencial tampoco les demandará demostrar que tienen propuestas que sus contrincantes no. El Partido Revolucionario Institucional volverá a Los Pinos si consolida ante la sociedad mexicana la noción de que ellos son los únicos capaces de “poner orden” en el país. Su principal activo –nada menor– es la “decepción” ante el “caos” de los panistas (eso, y el ser la alternativa “confiable” al PAN, dado que la izquierda con Andrés Manuel López Obrador como candidato difícilmente lograría remontar las sombras de los excesos poselectorales del 2006).

Algunos panistas estaban contentos porque el jefe nacional del PRI, Humberto Moreira, había decidido iniciar su mandato (asumió el liderazgo nacional tricolor el 4 de marzo pasado) acusando al gobierno de Felipe Calderón de ser una fábrica de pobres. Ilusos, los panistas creen que el argumento de Moreira se estrellará con la realidad, pues según los cálculos del gobierno la economía mexicana no parará de crecer en los próximos quince meses.

Pero el PAN no está leyendo bien: Moreira sólo quiere ahondar la percepción de que los panistas son un desastre en todos los renglones, incluido el económico. A los priistas lo mismo les da si hay controversia sobre las cifras reales de la pobreza, el hecho es que la gente nunca ha ganado suficiente… el crecimiento del PIB por años no ha sido el necesario… la brecha entre pobres y ricos se mantiene… todo igualito a lo que ocurría cuando el PRI gobernaba a nivel federal, pero los priistas lo único que buscan es que la gente crea que Calderón no sólo no puede, sino que ya fue, que es pasado, que no pudo, y que al igual que él, y antes Vicente Fox, ningún panista podrá ser un buen presidente.

Así que Moreira no se saldrá, como presidente del PRI, del guión que siguen puntualmente los gobernadores estatales surgidos de su partido. Si hay un problema con la construcción de una obra, la culpa es de la Federación; si hay una crisis de inseguridad, la bronca es del Gobierno Federal; si hay una emergencia por incendios o por la explosión de una mina o por una inundación, la responsabilidad es del Presidente.

El PRI buscará socavar al presidente y a su partido porque no puede plantear nada en específico como alternativa: a pesar de tener el control de 19 gubernaturas (de las 32 que componen la federación) no podrán decir que han creado por sí mismos enclaves de pujanza económica, no pueden presumir generación de mejores condiciones sociales, y mucho menos podrán argumentar que han logrado significar diferencia en materia de seguridad en los estados que gobiernan: por el contrario, los principales escenarios del crimen corresponden a territorios donde los priistas ocupan las gubernaturas: Ciudad Juárez, Chihuahua (PRI); la región de La Laguna (entre los priistas Coahuila y Durango), Nuevo León (PRI) y el horror llamado Tamaulipas (PRI, donde es gobernador el hermano del candidato original, que fue asesinado, sin que el crimen haya sido aclarado, el año pasado).

Así que el papel de Humberto Moreira es mantener la cantaleta. Yo no veo músculo, dijo la semana pasada cuando la prensa le preguntó por los supuestos suspirantes panistas, que como son siete, agregó “Nomás les faltó Blanca Nieves, no?”.

Por eso en el poco más de un año que le resta a esta legislatura federal no se logrará ninguna de las reformas –insuficientes– que ya estaban listas: la laboral y la política, para empezar. Porque sólo hay un argumento ganador para ellos, y ése es el de la parálisis, la posposición, el insistir en que el pasmo es consustancial a los panistas. Moreira y los suyos piden no apresurarse en las discusiones en el Congreso, solicitan tiempo para pensar, para revisar, para… ganar en la única agenda que les interesa, aquella que hace los días más estériles, las sensaciones más desesperantes, la noción de que los panistas nada concretan, y que estaríamos mejor si estuviéramos con aquellos que gobernaban México cuando estábamos peor.

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