> Chávez, de mediador a observador

Andres Oppenheimer

El gran perdedor del cinematográfico rescate de 15 rehenes que estaban en manos de la guerrilla colombiana FARC, efectuado la semana pasada fue el presidente narcisista-leninista de Venezuela, Hugo Chávez.

A juzgar por las declaraciones públicas del propio Chávez y por los contenidos de miles de documentos encontrados en las computadoras de las FARC capturadas por el ejército colombiano el 1ro. de marzo en un ataque a un campamento guerrillero colombiano en Ecuador, el mandatario esperaba usar la crisis de los rehenes para convertirse en el máximo mediador del conflicto armado colombiano, y en el líder indiscutible de Sudamérica.

Chávez, seguido por el presidente de Ecuador Rafael Correa, había reclamado abiertamente el reconocimiento diplomático internacional de las FARC como una ”fuerza beligerante”. Eso le hubiera dado a la guerrilla colombiana un muy necesario oxígeno político en momentos en que estaba sufriendo una serie de aplastantes derrotas en el campo de batalla.

En un discurso a principios de año, Chávez dijo que las FARC y el ELN ”no son organizaciones terroristas”, sino “verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia, y hay que darles reconocimiento. Son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado”.

El presidente colombiano Alvaro Uribe rechazó vehementemente la idea de concederle estatus diplomático a las FARC. Estados Unidos y los 27 miembros de la Unión Europea consideran a las FARC como un grupo terrorista, por su uso indiscriminado de la violencia contra civiles.

¿Cuál era la estrategia conjunta de Chávez y las FARC? Según miles de documentos e e-mails hallados en las computadoras del comandante rebelde de la FARC Raúl Reyes, que de acuerdo a un examen de expertos independientes de Interpol no fueron alterados por el gobierno colombiano, Chávez y las FARC estaban desarrollando una estrategia de dos carriles.

Por un lado, estaban explorando la posibilidad de una liberación negociada de los rehenes que le brindara a Chávez una victoria propagandística internacional –los seguidores de Chávez ya estaban hablando de un Premio Nobel de la Paz para el presidente venezolano– a cambio de la promesa del presidente venezolano de obtener el reconocimiento diplomático de ”fuerza beligerante” para las FARC.

Por otro lado, ambas partes estaban usando sus ”contactos humanitarios” sobre los rehenes como pretexto para justificar reuniones en las que hablaban de consolidar una alianza política y militar.

Docenas de e-mails encontrados en las computadoras de Reyes demuestran que las FARC y Chávez estaban construyendo lo que definían como una ”relación estratégica” destinada a fortalecer el ”proyecto Bolivariano” en las Américas.

Los documentos de las computadoras de las FARC contienen al menos ocho referencias a unos $300 millones de asistencia financiera que Chávez había prometido a la guerrilla colombiana. Asimismo, las FARC estaban ofreciendo entrenamiento militar en combate irregular al ejército venezolano, y los guerrilleros colombianos incluso tenían una ”oficina” en

Fuerte Tiuna, el comando militar del ejército venezolano en Caracas.

”La idea de ellos era crear un grupo de mediación internacional como el Grupo Contadora que medió en el conflicto centroaméricano en la década de 1980, pero con el fin de apuntalar el liderazgo internacional de Chávez, y usar su creciente influencia para conseguir un estatus diplómatico internacional para las FARC”, me dijo la semana pasada un alto funcionario colombiano.

Sin embargo, el plan de Chávez y las FARC se malogró por una serie de reveses en el campo de batalla. El ataque del ejército colombiano del 1ro. de marzo contra un campamento de las FARC en Ecuador, que resultó en la muerte de Reyes y en el secuestro de sus computadoras, la subsiguiente muerte del comandante supremo de las FARC Manuel ”Tirofijo” Marulanda, y la reciente liberación de los rehenes más famosos de las FARC –incluyendo a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y a tres contratistas militares estadounidenses– cambiaron dramáticamente la relación de fuerzas.

Aunque aún quedan en manos de las FARC cientos de rehenes, ahora el ejército colombiano parece cerca de derrotar militarmente a las guerrillas, y es el gobierno colombiano –y no Chávez– quien se ve con las mayores posibilidades de lograr la liberación de los rehenes. De pronto, Chávez se ha vuelto irrelevante.

Mi opinión: Chávez está golpeado, pero no está fuera de juego. Con el precio del petróleo a $145 el barril, podrá seguir comprando lealtades en la región con sus petrodólares. Tal como decimos frecuentemente en esta columna, sus ambiciones de poder no cesarán mientras Estados Unidos –en lugar de reducir su absurdo consumo de petróleo– siga comprándole $34 mil millones anuales en importaciones de petróleo.

Pero por el momento, la estrategia regional de Chávez ha sufrido un duro golpe, y el comandante venezolano deberá concentrarse en fortalecer su apoyo doméstico y evitar una derrota en las elecciones regionales de noviembre en su país.

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