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Estado del Bienestar

El desastre de los derechos sociales

¿Derecho social? ¿Cómo se puede tener derecho al dinero de otro?

El Congreso nos está endeudando a marchas forzadas. Oímos hablar constantemente de los costes de las apropiaciones de gasto de los congresistas y de la guerra de Irak. Pero ¿qué hay de los “derechos sociales”? Ese es el irónico término que el Estado usa para denominar los programas que transfieren dinero de quienes se lo ganaron a quienes no lo hicieron. ¿Derecho social? ¿Cómo se puede tener derecho al dinero de otro? Para financiar estos programas, el Gobierno amenaza con la fuerza a los contribuyentes que aportan los fondos. ¿Por qué a la gente que prefiere la coacción se le llama humanitaria, mientras que quienes prefieren la libertad son tachados de codiciosos? Pero me estoy desviando de la cuestión. El mayor problema con los derechos sociales es que su proliferación pronto engullirá todo el presupuesto federal.

El mes pasado, la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) analizaba el crecimiento del gasto público y de los déficits a instancias del representante Paul Ryan (republicano de Wisconsin), miembro raso del Comité de Presupuestos. El informe estimaba que el gasto en Medicare, Medicaid y la Seguridad Social, que en 2007 representaba cerca del 8% del PIB, se dispararía hasta llegar al 14,5% en 2030 y al 25,7 en 2082. No hay quien pueda pagarlo. Si a esto añadimos todo el gasto restante, incluyendo los intereses de la deuda, según la previsión de la Oficina Presupuestaria en 2084 el gasto federal engulliría por completo un sorprendente 75,4% del PIB.

Si los impuestos no corren parejos a los gastos, afirma la Oficina Presupuestaria, “el gasto adicional provocará que los déficits presupuestarios futuros lleguen a ser insostenibles”. ¿Y si los impuestos fueran a la par? La Oficina dice que entonces “los tipos tendrían, al menos, que duplicarse”. Una alternativa sería reducir otros gastos. Pero al nivel actual de crecimiento del gasto de la Seguridad Social, Medicare y Medicaid, el resto de las partidas tendría que reducirse a cero a partir de 2045. ¿Hasta qué punto es esto probable?

El representante Ryan está comprensiblemente alarmado. En 21 de mayo, publicó en el Wall Street Journal una proposición de ley que proporcionaría a los particulares incentivos fiscales con los que adquirir su propia cobertura médica en un mercado nacional competitivo, daría flexibilidad a los estados a la hora de gestionar Medicaid, repartiría dinero a los trabajadores de menos de 55 años para que adquirieran su propia cobertura médica en lugar de depender de Medicare al jubilarse, permitiría a los trabajadores más jóvenes invertir hasta un tercio de sus impuestos destinados a la Seguridad Social en cuentas privadas, elevaría la edad de jubilación y aplacaría el crecimiento de las prestaciones de la Seguridad Social.

No sé si será suficiente. Lo que en realidad necesitamos es una liberalización integral de la economía que incluya el sector sanitario y recortes masivos en el tamaño del Estado, tanto en gastos como en impuestos. Esto nos dotaría de la suficiente liquidez como para ocuparnos de nosotros mismos, confiando en la caridad privada para ayudar a los que no pueden salir adelante. Pero Ryan tiene buenas intenciones. Al menos él intenta que la opinión pública y sus colegas se centren en lo importante. Dice que pretende desempeñar el papel de “Paul Revere, haciendo sonar las alarmas de la insostenible trayectoria fiscal del Estado.” Por desgracia, su propuesta ha sido prácticamente ignorada. El Wall Street Journal ni siquiera ha publicado cartas de los lectores sobre el asunto.

Al menos, Jim Nussle, director de la Oficina de Gestión y Presupuesto, afirma que le “resulta estimulante el liderazgo del congresista Ryan en sus esfuerzos por tratar este serio problema que continúa comiéndose el presupuesto y hundiendo nuestra economía”. También el Comité Bipartidista para un Presupuesto Federal Responsable está de acuerdo en que “el hecho de que el congresista Ryan esté dispuesto a presentar un plan exhaustivo y detallado demuestra una enorme iniciativa y un gran valor”. A este respecto, resulta asombrosamente agradable la reacción del izquierdista de toda la vida Milwaukee Sentinel, quien ha elogiado a Ryan por “presentar un plan” mientras los candidatos presidenciales “evitan la cuestión”. Pero en general, el plan de Ryan está siendo ignorado, un desastre porque el problema presupuestario es enorme. Cuanto más tiempo tardemos en abordarlo, peor será.

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