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REFLEXIONES LIBERTARIAS

ATILA FRENTE AL BANCO

Ricardo Valenzuela

Durante años me ha seducido el misterio de cual es realmente la causa de la pobreza de las naciones y he tratado de encontrar la respuesta utilizando el mismo análisis de Adam Smith, pero en reversa. Es decir, Smith se sumergió en el feudalismo para identificar el por qué sólo unas cuantas naciones eran ricas en una era de extrema pobreza mundial. Sus revelaciones fueron plasmadas en su magna obra, “La Riqueza de las Naciones,” e inició una verdadera revolución que le diera vida a otra; La Revolución Industrial.

Mi esfuerzo ha sido modesto y sus resultados preliminares extrajeron infinidad de amargas raíces que generan nuestra pobreza, pero mis recientes conclusiones me han llevado por un novedoso y desconocido camino el cual, me obliga a tomar veredas de espinosos matorrales. Pero en esta ocasión, me quiero referir a una de las causas más dramáticas del estancamiento que mantiene a nuestro país peligrando su muerte, como la de los novillos broncos lazados de dos puntas; asfixiados.

Siendo mí padre un hombre educado en Europa portador de un Doctorado en Derecho Internacional, otro en Filosofía de la Universidad Libre de Bruselas, e innumerables cursos de Economía y Ciencias Políticas en el London School of Economics, a su llegada a Sonora, hace más de 60 años, se convertía en el más brillante prospecto en el firmamento político de la época. A sus 26 años sería Secretario Particular del gobernador Yucupicio, y antes de los 30, Diputado. Sin embargo, repentinamente su estrella se apagó y después de haber revalidado sus títulos europeos, tampoco incursionó en el mundo de la “impartición de justicia,” habiéndose retirado a los negocios.

Al partir al Tecnológico de Monterrey, me atreví a cuestionar su inexplicable decisión a lo que con firmeza me respondía: “Yo me formé en Europa bajo la tutela de mi hermano Gilberto, y realmente no conocía México. A mi llegada a Sonora y luego de mi participación con el General Yucupicio—me di cuenta de que las áreas en las cuales me había yo preparado; justicia y la política, eran pestilentes gusaneras las cuales atraían hombres armados con las pasiones mas bajas y despreciables. Decidí así que yo no podía construir mi vida en un ambiente de esa naturaleza.”

En una segunda confrontación, hace unos cuantos años, le cuestionaba su estilo tan conservador en los negocios a lo cual, y ante mi asombro, me respondía: “¿Recuerdas nuestra primera conversación? Claro respondo. Continúa. “Al momento de incursionar en los negocios, me di cuenta de que no había mucha diferencia con el mundo que había abandonado. Tu hablas de mercados libres y es lo que yo aprendí en Europa. Pero en México nunca han existido y ello ha edificado una sociedad en la cual se premia lo mal habido, y se desprecia las virtudes etiquetando a hombres honestos de pasivos. Los hombres decentes se marginan y a los bandidos les hacen monumentos.”

Después de que yo hubiera participado en los negocios durante más de 20 años en varios países como banquero, ganadero, economista y, sobre todo, subrayo, cargando sobre mis espaldas la penitencia de mis adicciones. Sus palabras fueron para mí un campanazo que provocó llevar a cabo un análisis serio del papel de “los grandes empresarios” en el nuestro.

Escribía Von Mises que en una sociedad liberal no se puede evitar el que hombres de corazón corrupto invadan los mercados. Pero en sociedades como la nuestra, no solo no se evita, se estimula, y uno de los retoños de las sociedades cerradas, es la corrupción. Y esto, no es una enfermedad exclusiva de nuestro gobierno, es un grave fenómeno social en el cual nuestros flamantes empresarios son pieza fundamental del rompecabezas.

Seymor Martin Lipset define corrupción como; “los esfuerzos para adquirir riqueza y poder a través de medios ilícitos o inmorales—ganancias privadas a expensas de lo público.” Presenta luego un cuadro de los niveles de corrupción mundial en el cual, Dinamarca lo encabeza como el menos corrupto seguido por todas las naciones desarrolladas, lo cual, nos debe dar una pista: A menor corrupción, mayor es la creación de riqueza. Pero en este cuadro de 85 países, México orgullosamente se coloca en el #60. El economista Paulo Mauro, afirma el que un proceso de reducción de la corrupción de un 2%, se traduce en un incremento de un 5% en el ingreso per capita de la población.

En México, al triunfo la revolución, se aceleró un proceso de estatización en el cual se fueron fortaleciendo los lazos entre el poder político, empresarial y, por debajo la mesa, la iglesia. Un sistema de prebendas a un tipo de empresario que desnaturalizó su función, al tiempo que se capacitaba en el ejercicio de las “antesalas” a efectos de fortalecer por esa vía su posición. La gran tragedia de México es la escasez de capital, pero es más grave comprobar que ese pírrico capital, en muchos casos, no está en manos de empresarios comprometidos con riesgo, innovación, independencia, sino en las manos de apostadores de carreras arregladas por el estado, que los cincela a imagen de señores feudales.

Pero este tipo de empresario es solo parte de la elite que ha controlado el país durante siglos. El desfile lo complementan las diferentes organizaciones políticas, la iglesia, los intelectuales, cierta media irresponsable, y la mohosa izquierda. Esos grupos ejercen control sobre todas las actividades nacionales actuando en nombre de ciertos valores, actitudes, ideologías, que nada tienen que ver con el progreso, desarrollo económico y todo con mantener el statu quo.

Ello ha creado una clase empresarial cuya descripción de conceptos sería: Competencia; entre menos burros más olotes. Reformas; una calle en Hermosillo. Utilidades; las que le exprima al próximo que no tiene otra alternativa. Pérdidas; Fobaproa. Riesgo; volar en Aero California. Moral; el árbol que produce moras. División del trabajo; yo pido y el gobierno me paga. Pecado; el adulterio cuando te agarre tu vieja. Pagar; acto de gran sabiduría de Procampo. Justo; lo que pueda jalar con mi rastrillo. Deudas; las que los bancos no van a cobrar. Justicia; cada día está más cara; algo que sale en las películas. Palabra; creo fue una película de Pedro Infante. Conciencia; algo que se revuelve con la ciencia.

Sí hay buenos empresarios honestos y compasivos. Desgraciadamente no los suficientes. Pero esos mercaderes descritos como “pela vivos,” cuestan al país muchos miles de millones de dólares no sólo de lo que arrancan de las entrañas de la patria. El costo de los negocios e inversiones que se dejan de realizar, es mucho mayor cuando se presentan en los mercados con sus arreos y actitudes de Atila y sus bárbaros, listos para la siguiente violación. Cuando se les llega a cuestionar su conducta, responden como los jueces argentinos luego de recibir sobornos; “total, mañana vamos a confesión.” Y échenle otro cinco al piano y que siga el vacilón.

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