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Viva la democracia latinoamericana
Ricardo Valenzuela

América Latina es un continente cuya historia no podría haber sido escrita ni por un genio de la nebulosidad como el gran Federico Fellini. Es la región de las malas ideas y peores prácticas, el semillero de tiranetes militares y civiles que la han estrujado entre sus manos como ruin muñeco de trapo, la triste región de los pronunciamientos, los golpes de estado, la catedral del Che Guevara, la del arrullo tropical del proteccionismo y el nacionalismo revolucionario, la de la teoría de la dependencia y sus venas abiertas.

La primera ocasión que tuve la oportunidad de recorrer la América heredera del catolicismo y las coronas española y portuguesa, fue a finales de los años 70 y el panorama era realmente desolador. Flotaban nombres como Anastasio Somoza, Hugo Banzer, Galtieri en Argentina, Omar Torrijos en Panamá, Carlos Andrés Pérez oprimía a Venezuela, Alan García calentaba el brazo para iniciar su fatal primera aventura en el Perú, el ahora demócrata Daniel Ortega tomaba el poder en Nicaragua con la fuerza de las armas. La catedral de todos ellos era la CEPAL y su gran obispo Raúl Prebishch con su deformada visión de que la pobreza de América Latina era consecuencia de la riqueza del primer mundo.

Regresé por segunda vez a principios de la década de los 90s para encontrar algo muy diferente. La región entera cabalgaba sobre la euforia de los mercados libres, la “democracia,” el libre comercio, monedas fuertes. Los nuevos centuriones del cambio eran encabezados por Salinas de Gortari en México, Collor de Mello en Brasil, Paz Zamora en Bolivia, Menem en la Argentina, Alberto Fujimori en el Perú y, de forma muy especial, un general de nombre Pinochet cedía el mando a un presidente electo democráticamente en Chile, pero le heredaba un país con los cimientos para escalar los muros del primer mundo. Países como Corea, Taiwán, Hong Kong y Singapur, eran desaprobación de las teorías de Prebisch cuando demostraban que el tercer mundo podía competir en el mercado mundial.

Se hablaba del milagro Mexicano, de la resurrección del mítico Dorado personificado por todos los países sudamericanos recién destetados del estatismo, el proteccionismo, el militarismo. Se les bautizaba como los nuevos tigres latinoamericanos. En las oficinas de políticos, empresarios, líderes, se observaban los títulos del Tec de Monterrey, el ITAM, el MIT, Harvard, Stanford y, casi en el mismo tono de Hitler, se hablaba de los mil años del renacer neoliberal. Para las revistas extranjeras Fujimori era Supermán, Salinas Super ratón, Sánchez de Lozada era la reencarnación de la gloria Inca, Atahualpa Yupanca. Aaah, el dulce elixir de la democracia.

Regresaba hace unos meses para encontrarme un panorama aún más triste y preocupante que el de mi primera visita casi 30 atrás. El zoológico de Hugo Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Ortega de regreso en Nicaragua, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y una Colombia que prácticamente se ha partido en dos países de los cuales uno es controlado por el narcotráfico y la violencia. Sin embargo, en medio de esa fellinesca bacanal surgía algo realmente admirable, un líder valiente y todo un estadista a la cabeza del gobierno colombiano; el hombre se llama Álvaro Uribe y se enfrenta el nuevo cartel.

Los hechos acontecidos la semana pasada en esa convulsionada región, deben ser una grave llamada de atención a lo que se ha venido gestando, y pregunto ¿Cómo es posible que un simio estilo Hugo Chávez se haya convertido en jefe de estado y la caponera de ese grupo de trogloditas? ¿Qué pecado han cometido los hermanos venezolanos para que este barbaján esté a punto de llevarlos a la guerra? Me lo sigo preguntando y sólo encuentro una respuesta: Ese Cuasimodo político es lo que le ha servido la democracia a la región… el mandato de los bandoleros en lo que Jefferson hace doscientos años bautizara como Mobocracy.la Plebecracia.

La muerte de Raúl Reyes no habrá sido en vano. Difícilmente puede ser estéril finiquitar a un bandolero tan cruel y carnicero. Mas en este caso las circunstancias deben iluminar a cualquiera que aún permaneciera ciego ante esta realidad. Los hechos son reveladores: tras la muerte en combate con el Ejército colombiano de 17 guerrilleros de las FARC situados en territorio ecuatoriano, la reacción del simio II, Correa, fue de extremada prudencia: se le sorprendía dando cobijo en terruño ecuatoriano a altos mandos de la más longeva guerrilla hispanoamericana.

No tenía justificación para lo sucedido y no sabía cómo salir del agujero en el que le habían acorralado. La ruta de la escapatoria fue pronto diseñada por su mentor ideológico, Hugo Chávez: era necesario cargar de frente contra todo obstáculo que se interpusiera en precipitada huida. Chávez ya ha creado un escenario de guerra con Colombia en la esperanza de acongojar al vecino. Pero sobre ese objetivo se yerguen otros dos.

El primero es el llamado síntoma de Galtieri: cuando un tiranuelo tiene problemas domésticos provoca el que la gente centre su atención en un enemigo común. Y ése siempre tiene que ser externo. El segundo es menos evidente. Chávez necesita romper la baraja antes de que lo atrapen haciendo trampas. Y eso podía estar muy cerca, porque la carga de profundidad de Uribe reside en dinamitar la práctica convencional según la cual con cruzar una línea fronteriza se está a salvo. Raúl Reyes estaba plácidamente a sólo 1,800 metros de territorio colombiano. Y lo que sin duda se preguntó Chávez es: qué pasaría si el Ejército colombiano empieza a lanzar ataques selectivos contra guerrilleros en territorio venezolano.

Qué sucedería si en esos ataques empiezan a morir rehenes colombianos, y así confirmamos que los secuestrados no son localizados por el Ejército colombiano, porque en realidad están en Venezuela… Hugo Chávez se quedó sin defensa, y ha hecho lo único que se puede hacer cuando se carece de argumentos: romper relaciones diplomáticas y movilizar las tropas. Un demócrata, el bolivariano.

Con esos mapas navega la región y México se asoma a tal abismo. América Latina ha descubierto algo novedoso y empalagante para los simios: Las dictaduras socialistas democráticas, barbáricas y mafiosas. Cuando alguien le informaba a Chávez el que, el ejército colombiano es más grande que el combinado de Ecuador y Venezuela, pero además ha estado en pie de guerra durante 40 años, lo que los convierte en eso, ejército profesional, el que su armamento -cortesía de los EU- es moderno y funcional, decidió dar reversa a sus explosiones “bolivarianas”, dejando de actuar como el abusón del barrio, cuando menos por un rato.

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