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Los medios y la política

Thomas Sowell

Incluso antes de que Mitt Romney abandonara la carrera presidencial de Estados Unidos – y con clase, hay que añadir – los partidarios de John McCain y los arrogantes VIPs del Partido Republicano en general, se pusieron a reprender a esos conservadores que habían criticado al senador McCain en los medios.

Esos que apuntaron sus ataques contra Rush Limbaugh, Sean Hannity y otros conservadores por haber criticado el historial de McCain no han entendido completamente bien el papel que juegan los medios de comunicación.

Los periodistas no existen para conseguir que los candidatos de un partido sean elegidos o para servir los intereses políticos de un partido. La opinión pública es la clientela de los periodistas.

Es el público quien lee los periódicos y las revistas, escucha la radio o mira la televisión. El público depende de los periodistas para que le cuenten la verdad como ellos la ven y para ofrecer su opinión honesta en cuanto a lo que esa verdad significa.

Los periodistas no pueden servir a dos amos. En la medida en la que se den a la labor de suprimir información o de morderse la lengua para beneficio de cierta agenda política, están traicionando la confianza del público y corrompiendo su propia profesión.

Es bastante malo que los políticos traicionen a sus seguidores por cuestiones de conveniencia. Es un verdadero descaro cuando exigen que los periodistas traicionen la confianza de la opinión pública como cuestión de principio, para beneficiar a los políticos.

Algunos periodistas – demasiados, en realidad – se montan al carro de ciertos candidatos en especial o de agendas políticas en particular; como resultado terminan sirviendo de filtro y para darle un sesgo a las noticias.

Los que están en el carro del calentamiento global, por ejemplo, repiten incesantemente que el casco polar del Ártico se está reduciendo – mientras filtran el hecho de que el casco polar en el Antártico está creciendo.

Alguna gente en los medios se pusieron como locos porque el presidente Bush despidió a 12 fiscales americanos, pero no tuvieron nada que decir cuándo el presidente Bill Clinton despidió a todos y cada uno de los fiscales del país.

Sea que uno esté a favor o en contra la cruzada del “calentamiento global”, a favor o en contra de demócratas o republicanos en la Casa Blanca, la verdad es la verdad – y filtrar los hechos es traicionar a la opinión pública que recurre a los medios buscando información.

Es legítimo discutir a favor o en contra de los que creen que el calentamiento global justifica una política u otra. Ésa es una honesta expresión de opinión. Pero filtrar los hechos no lo es.

Algunos en los medios de comunicación parecen pensar que una causa noble justifica retener los datos del otro bando.

Probablemente nunca ha habido una causa más noble que desear ahorrarle al mundo la agonía y la devastación de una guerra mundial con armas modernas. Eso es lo que intentó hacer el Times of London allá por los años 30.

La masacre de la Primera Guerra Mundial fue un choque del cual toda una generación nunca se recuperó. Mataron a millones de soldados en ambos bandos. Todo un continente se vio devastado y millones de civiles se morían de hambre en medio de las ruinas. Seguramente era un deseo humano y noble el querer evitar una repetición de aquello.

Por tanto, cuando Geoffrey Dawson, el director del Times of London, decidió filtrar las noticias, en pro de la paz, todo era comprensible.

En vez de publicar noticias que pudieran encender las hostilidades nuevamente entre las naciones que habían luchado en la Primera Guerra Mundial, Dawson filtraba los envíos de sus propios corresponsales extranjeros en Alemania para borrar las informaciones negativas de lo que estaban haciendo los nazis.

Algunos de los corresponsales del Times se quejaban de que suprimieran y reescribieran sus envíos; algunos renunciaron en protesta. Parece ser que ellos sí entendían que su papel era divulgar los hechos como los veían y no para satisfacer alguna esperanza o agenda. Ahora sabemos en retrospectiva que el uso de la gran influencia del Times para promover los intereses de la paz tuvieron el efecto contrario.

Restó importancia al peligro que representaba Hitler, contribuyendo así al tardío despertar de Gran Bretaña ante esos peligros y a sus vacilantes reacciones -factores que envalentonaron a Hitler para emprender la Segunda Guerra Mundial.

No era sólo que Dawson presupuso mal. Más fundamentalmente, no entendió bien el papel de un periodista y la traición que eso implicaba cuando fue más allá de ese papel, incluso aunque fuese por una causa noble.

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