>EN MIS VEINTE AÑOS DE SOBRIEDAD

Ricardo Valenzuela
Marzo del 2008

Este mensaje, en principio fue confeccionado para dirigirlo a mis íntimos amigos pero debido a una serie de acontecimientos recientes y, sobre todo, ante la insistencia de muchos de ellos de abrir más la circunferencia de mis vivencias como una fórmula de activar la conciencia de otros revelando mi verdadero carácter, acepto este reto; el reto de desnudarme ante todos, pues al fin, desnudos nacimos. De esta forma sólo trato de rebatir a quien afirmó: “El hombre nunca revela mejor y más claramente su carácter que cuando describe el de otros.”

El día 3 de marzo de 1988, en esta ciudad de Tucson cruzaba la puerta del Hospital Northwest y me dirigía a su Centro de Rehabilitación Westcenter sufriendo de una grave hemorragia moral, emocional, espiritual, después que durante años construyera mi vida alrededor del alcohol y drogas recetadas. Minutos después me encontraba frente al escritorio del Dr. Ralley, Director el programa, quien con la dulzura de un padre me preguntaba: “¿Porqué has venido a este lugar?” Con la mirada perdida le respondo; porque quiero dejar de tomar y solo no puedo. Me sonríe y revira: “Bienvenido a la vida a la sanidad y a tu futuro.”

En la vida de todo ser humano hay momentos que siente la necesidad de extender una mano buscando a un amigo no para pedir ayuda ni soporte emocional, no, solamente ese contacto, y ese sentimiento en estos momentos. Desde hace tiempo me embarqué en una rara e interesante aventura que hoy quiero compartir. Escribió un gran pensador que el hombre no debe de abandonar este mundo sin haber logrado tres cosas que marquen la trascendencia de su vida; haber engendrado un hijo; haber sembrado un árbol; y haber escrito un libro. También, R.W. Emerson afirmó que parte de la definición de éxito es, al iniciar nuestra jornada infinita, dejar a la posteridad un hijo sano, un rincón de jardín, y una condición social redimida.

Dios me ha favorecido con tres hijas maravillosas que si las hubiera ordenado por catálogo, no me las podría haber enviado más acorde a la medida de lo que considero mi gran tesoro y mi más grande orgullo. Tengo un rincón de jardín en el que he sembrado, no uno, muchos árboles que me han dado frutos a veces amargos, pero la mayor parte han sido muy dulces. Aun cuando siento ser un hombre relativamente joven, hace tiempo tomé la decisión de iniciar la escritura de mis memorias pensando que al comunicar mi historia pudo contribuir a dejar una condición social redimida. No afirmo esto con arrogancia, no, lo hago con toda humildad de alguien que si a algo no tiene derecho, es a eso; la arrogancia, pero también con la seguridad que me da el haber vivido una vida que alguien por ahí calificó como; “realmente intensa.”

He querido contar mi historia porque la considero especial y diferente. Es una historia llena de éxitos y fracasos; pero sobre todo, la de un hombre en busca de lo que Víctor Frankl llamó; “significado de la vida.” Es una historia que corre de los años 60s cuando, siendo yo realmente un niño, fui enviado a mis escasos 16 años—con un cargamento de problemas emocionales—a un mundo desconocido. Fui literalmente arrancado de mi ambiente natural en un rancho ganadero en mi tierra, Sonora—en donde me había formado como adolescente—para transportarme a los corredores del Tecnológico de Monterrey e iniciar mi educación. Al llegar al Tec no sabía quien era el presidente de México, pero a caballo podía lazar un novillo bronco en medio de un espinoso mezquital. No sabía que existía la ONU, pero podía amansar un potro salvaje con la destreza del mejor vaquero del estado. Era tal mi estado salvaje y montaraz, que mis amigos me bautizaron como “el Chero.”

Es la historia de un chamaco alto, atlético y bien parecido, que se derretía de timidez ante los muy seguidos coqueteos de las regiomontanas hasta que una noche descubrió el remedio contra esas enfermedades; una cerveza bohemia y al ingerirla, por arte de magia desaparecieron todos sus miedos, dudas, inseguridades y esa misma noche, de regreso al internado del TEC, conscientemente tomé la decisión de que esa era la forma que me quería sentir por el resto de mi vida. Ahí se gestaba el alcoholismo que me azotaría durante los siguientes más de 20 años. Es la historia de un muchacho quien, durante su época en esa gran Universidad, no se distinguiría tanto por sus brillantes estudios como por sus legendarios pleitos, conquistas, escándalos, borracheras que lo harían famoso en esa ciudad de Monterrey.

Es la historia de agresivos enfrentamientos de un hijo, “travieso” y rebelde, atrapado entre la severidad de un padre intelectual y de una exagerada virtud quien parecía haber salido de la sagrada inquisición, y un abuelo ganadero latifundista y cacique que todo le festejaba, pero luego le faltaría lo cual dejaba profundas grietas en la formación de mi personalidad.

Es la narración de cómo después de uno de esos graves enfrentamientos, simplemente empaqué mi maleta para dirigirme a la ciudad de México en busca de nuevos horizontes armado con un deseo incontrolable de demostrar a mi padre que, contrariamente a lo que él pensaba, yo podía triunfar. Pero armado también con un arsenal de temores, dudas, complejos e inseguridades de las que yo no tenía la menor idea. Pero, sobre todo, armado con algo letal; un doloroso y destructivo complejo de culpa que me atormentaría durante casi el resto de mi vida, y su antídoto, la botella de vodka.

Esta es la historia de una vida apresurada. Narro en ella cómo llegando al DF con un equipaje de ilusiones y de temores, en escasos 7 años me había convertido en Director General del banco regional más importante del Noroeste de México, en la cabeza de banco mas joven en la historia de la banca, y al año siguiente, Director General del primer banco múltiple en México. Mi participación en la formación del Grupo Financiero Empresarial más excitante de los años 70s y 80s y cómo a mis escasos 30 años, estaba convertido en uno de los hombres mas prestigiados y poderosos del Noroeste del país, pero también, como me sentía in merecedor de eso y un impostor. Narro la forma en que ese sentimiento me llevó a mi entrega desenfrenada al alcohol y al sexo, de la misma forma que siempre había vivido, con incontrolable compulsión.

La primera caída de un largo calvario que, iniciaba antes de mis 35 años al haberme separado del Grupo en medio de gran controversia y un mortal enfrentamiento con uno de los hombres que yo había idealizado, mi primo Arcadio Valenzuela. Cómo mi separación del grupo, fue motivada por una poción de mis anhelos de libertad, dignidad—mis valores más importantes—y una mezcla de rebeldía y oposición a los manejos que se hacían del grupo, un choque de egos con mi primo Arcadio, y sobre todo, mi gran dependencia del alcohol y multitud de aventuras extramaritales. Pero principalmente y en el fondo, el saboteo inconsciente de mi propio éxito ante el sentimiento de “no merecer” lo que tenía.

Mi exilio a los EU en medio de una gran depresión y los sentimientos más negativos que un ser humano pudiera cobijar, ante la pérdida de los que era mi vida; le Dirección del Grupo Financiero. Mi decisión consciente de al no tener lo que perdía, dedicarme textualmente; “a vivir la dolce vita.” A entregarme sin recatos ni controles al otro campo que me apasionaba; el alcohol y las mujeres fáciles. Cómo mi reputación de niño prodigio me seguiría para, a pesar de mis excesos, construir una de las empresas de inversiones más grandes del sur de los EU. Mi entrega fatal paso a paso al alcoholismo, al sexo y a las combinaciones de alcohol con drogas recetadas como Valium, Halcion en las noches, anfetaminas en las mañanas que finalmente me costaron mi familia, mi fortuna, mi reputación, mis amigos, dinero a mis inversionistas, y casi me cuestan la vida.

Mi rendición provocada por un acontecimiento en el que casi pierdo eso; la vida. Mi dolorosa lucha contra esos demonios en el programa de rehabilitación. El entender que, no era un hombre malo tratando de ser bueno, era un hombre enfermo tratando de curarme. El espinoso viaje que tuve que hacer hacia mi interior, porque: “Aquel que se atreva a hacerlo, vale mas que vaya bien armado.” El descubrimiento de mis problemas y sus causas. La rendición de mi vida ante una fuerza superior a mí para que tomara control de ella. La lucha frontal ante mi diabólico enemigo y la entrega de mi vida a la rehabilitación. Mi enfrentamiento doloroso al mundo de las realidades sin el alcohol y las pastillas, por primera vez en mi vida. El ver claramente ya desintoxicado, el dolor, el sufrimiento y la devastación que había provocado.

En esos momentos pude entender las famosas palabras de Richard Nixon al abandonar la Casa Blanca, luego de que fuera destituido por el escándalo de Watergate: “Solamente habiendo descendido a las negras regiones en lo más profundo del Valle, se puede admirar lo hermoso que es la cima.” Fue también cuando se iniciaba mi educación, para realmente llegar a conocer el verdadero contenido de la naturaleza humana. Durante los siguientes años, sufriría las decepciones más grandes de mi vida en relación a mi personal concepto de amistad, familia, sociedad. Pero al mismo tiempo, descubriría la grandeza de otras almas completamente insospechada.

Luego sangrante y agotado haber llegado a entender las palabras; “Hasta que tus ojos hayan quedado secos de las lagrimas derramadas suficientes para lavar tus pies; hasta que tu boca haya perdido la habilidad para herir, entonces estarás listo para presentarte ante el Maestro quien dulcemente te preguntará: ¿Has logrado matar tu ego y ambición? ¿Has entendido que cuando lo perverso prevalece, aparezco sobre la tierra de forma sangrienta? Y de tu respuesta dependerá el destino y el futuro del resto de tu vida.

El inicio de la reconstrucción de mi nueva vida, pero ya no con la ilusión de cuando salía de la Universidad; no, ahora con un cargamento de desventajas que me acompañarían para siempre. La lucha que tuve –y todavía libro—con ese ego interior que me pide más de lo mismo. El reaprender a vivir sin alcohol y pastillas en un mundo desconocido para mí. Él reinicio de una nueva vida profesional en el campo que había abandonado años antes; las finanzas internacionales que me llevó a visitar las ciudades y países más exóticos del mundo, a conocer gente increíble, y a vivir las experiencias más interesantes de mi vida en lugares como Nueva York, Londres, Hong Kong, Tokio, Ginebra, Buenos Aires, Santiago de Chile, siempre buscando el abrir ese camino para México hacia los mercados mundiales de capital.

El casi naufragio de mis ilusiones, al chocar con un mundo hostil y rencoroso que no estaba dispuesto a darme otra oportunidad. El darme cuenta de que, lo que recita la Biblia: “Por ver la paja en el ojo ajeno no ves la viga en el tuyo,” era una de las verdades más crueles que enfrentaría. El entender que para mucha gente, incluyendo mis amigos y parientes, por el resto de mi vida, tenía una etiqueta que listaba mis pecados cometidos bajo el influjo de los demonios que me controlaron durante años. El darme cuenta de que todos escuchan pero no entienden otro precepto bíblico: “Con la vara que midas serás medido.”Mi encuentro con la espiritualidad y la intelectualidad, para dedicar gran parte de mi vida a eso; al espíritu y al mundo las ideas.

El sentir una vez mas la fortuna me sonreía, mis sueños podían de nuevo ser realidades y por primera vez, en mucho tiempo, sentía de nuevo ser feliz. El saber estaba de regreso en mis potreros y me convertía en financiero del nuevo milenio manejando conceptos que en México no eran conocidos. Cómo ante la masacre mexicana de 1995, fue cuando mas bien puede hacer, más empresas pude ayudar con sofisticados esquemas como swaps y derivativos para consolidar pasivos lo que me permitió recuperar mi autoestima, mi sentido de propósito que había perdido en medio del infierno de locura en que viví, y algo muy importante; prestigo con la gente que me interesaba y mi fortuna. Además, portando tantas cicatrices en la espalda, cómo pude aceptar mi novedoso éxito con la debida humildad, y sobre todo, ahora sentir que merecía cada milímetro de ello.

Mi encuentro con el liberalismo económico y político, el cual, a pesar de mis antecedentes sociales y educacionales, sabía de su existencia por mi padre quien lo absorbió en la Europa liberal de los años 30, pero realmente no lo conocía a fondo. Cómo ese mismo espíritu inquieto y rebelde me gritaba que lo que había conocido en México, no era el camino hacia la justicia de los mexicanos y debería de haber algo más. Cómo en una vieja librería, me encuentro empolvado el libro de Mises; “La Acción Humana” y al abrirlo, descubrí una ventana hacia un nuevo y excitante mundo por el cual ahora lucho, el mundo de la libertad, pero en un campo de batalla diferente al de mis pleitos de la juventud; En el campo de las ideas y los ideales. Ya no armado con mis puños, armado ahora con la verdad, la lógica y la razón. El reencuentro con mis hijas. La paz.

Es también la historia económica y su interpretación del México que me ha tocado vivir. Desde los míticos beneficios del Desarrollo Estabilizador, cruzando por la entrega de Echeverría al socialismo, populismo, y la devastación que en conjunto con López Portillo causaron. Los intentos de un buen hombre para provocar cambios; Miguel de la Madrid. Mis predicciones de la apertura del país y la caída del PRI. La agresiva toma seudo liberal de Salinas, y el saboteo de sus esfuerzos usando como cabeza de playa el asesinato de mi paisano Luis Donaldo Colosio. La maquiavélica confección del error de Diciembre y todos sus participantes, por lo cual seguimos pagando. Mi primer encuentro con Vicente Fox años atrás. Mi anuncio de su avenida como Presidente en el año 2000, y lo más importante, el México que yo visualizo y deseo a futuro para nuestros hijos y descendientes, y cómo podemos construirlo.

La continuación de mi sendero con el moto que siempre lo había guiado; “caminante no hay camino, se hace camino al andar.” Esto no es una confesión, un mea culpa, no es un mensaje, no es especialmente una justificación ni explicación de algo que ya está hecho, no puedo regresar al pasado y el pasado debe ser la canasta de las cenizas, hay que dejar que los muertos entierren a los muertos, las hojas secas se las llevará el viento. Es sólo el relato de mi vida que repito, ha sido apresurada, vivida por adelantado y con una gran intensidad. No, no tengo editor, publicista, representante, sólo tengo una historia, una historia que nos deba de enseñar que, finalmente “el sufrimiento tiene su función y es la de purificar, quemar lo que es inútil e impuro.” Nos debe también enseñar que, el sufrimiento es la mejor forma de construir un alma fuerte y compasiva. Es solamente una historia, pero es mi historia.

“Es mejor intentar y lograr grandes cosas, alcanzar triunfos gloriosos, aunque en el camino nos encontremos con el fracaso. Que permanecer en las filas de aquellos pobres espíritus que nunca sufrieron ni gozaron; porque nunca abandonaron aquella zona gris que no conoce triunfo ni derrota.”

Teodoro Rossevelt

“El extraviarse no es perderse, es dilatar la llegada”

Ricardo Valenzuela Galindo

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