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EL CARDENAL TARCISIO BERTONE MERECE SER CRUCIFICADO.”

Nada es casual, el único representante de un estado que asistió al nombramiento del nuevo rey en Cuba, tuvo que ser precisamente un embajador de la iglesia católica. ¡Todo un milagro! Expresarán aquellos fervientes seguidores de esa religión no exentos de ingenuidad. Visita y cambio de corona coincidieron en tiempo y espacio entre discursos y oraciones, ¿quién lo iba a decir?, festín de inquisidores. Del fatalismo que pesa sobre nuestra tierra poco puede agregarse, del maridaje existente en los últimos tiempos entre los portadores de la cruz y los de la hoz, nada puede sorprendernos.

Poco favor le ha hecho a la iglesia católica esta visita del Cardenal Bertone a Cuba, muy poco a su pueblo y a aquellos sacerdotes que profesan con el corazón sus funciones de pastores. Vimos hace muy poco, la entrevista realizada al padre José Conrado de la iglesia Santa Teresita de Santiago de Cuba. Sus palabras fueron verdaderamente conmovedoras y el amor expresado durante toda su comparecencia, tuvo que contagiar a todos los televidentes. Nos habló de los sacrificios y necesidades de su iglesia para ayudar a los más desvalidos. Nos contó de los atropellos cometidos por las fuerzas represivas del régimen en contra de pacíficos manifestantes, entre los que se encontraban mujeres y niños. Nos dijo que nunca abandonaría su tierra, porque sería traicionar el amor de toda aquella gente que acude diariamente a su templo bajo la amenaza de un derrumbe.

Como él hay muchos ejemplos en la isla, aún hoy retumba en nuestra memoria aquel valiente discurso del Obispo de esa misma ciudad de donde viene el padre José Conrado, me refiero a Monseñor Pedro Maurice. Dijo en su recibimiento al Papa: Le presento además a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido; la Nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología. Son cubanos que, al rechazar todo de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí de Cuba y sobrevaloran todo lo extranjero.

Algunos consideran éstas como una de las causas más profundas del exilio interno y externo. Tuvo que ser muy valiente para manifestar tantas verdades en aquel discurso de bienvenida. La participación de la iglesia durante todo el proceso dictatorial cubano ha sido muy pobre, cobra su verdadero rol solo unos años antes de la visita del Papa, aunque se conocen casos aislados de valentía y coraje de muchos de sus sacerdotes. Sin embargo, desde la llegada al poder del Cardenal Jaime Ortega, todos esos sacrificios realizados por estos siervos del Señor se han visto manchados por sus posiciones de franca complicidad con el régimen. Hoy, para complicar aún más el servicio de esos nobles sacerdotes a favor de su pueblo, escuchar las manifestaciones del Monseñor Tarcisio Bertone, nos conduce a la duda de encontrarnos ante un reverendo idiota vestido con una sotana de lujo o, ante uno de los más grandes canallas que ocupan altos cargos en el Vaticano.

Para colmo de nuestros pesares y aumentar esa sensación de traición que, hemos sentido ante las prédicas del Cardenal Ortega, hay que sumar los actos francamente descarados y ofensivos de este “santo” embajador. Produce repugnancia leer los votos de buena voluntad de los Obispos de Cuba por quienes ellos llaman nuevo Presidente Raúl Castro. Provoca una profunda vergüenza leer de esos Obispos que se elevan las oraciones de nuestra Patrona la Virgen de la Caridad del Cobre por la Asamblea, Consejo de Estado y su nuevo Presidente. ¡Por Dios! Qué tan bajo ha caído la iglesia cubana, han confundido a nuestra virgen con una jinetera. Dieron deseos de vomitar aquellos pedidos de oración de Ortega por la salud del peor asesino conocido en nuestra historia, solicitud a rezar por el más despiadado verdugo que ha sufrido su propia iglesia.

Para colmar la copa, todas las noticias y notas referentes a la visita de este embajador de la Santa Sede. Manifestaciones casi todas en perfecta armonía con la línea de ese gobierno, lo que nos faltaba. Convencido estoy de que no creo en esa iglesia y que mis pecados carecen de importancia comparados con los de estos personajes, ¿por qué debo confesarme ante ellos?, Sacerdotes, Obispos y Cardenales como estos individuos deben ser crucificados. Después veremos a quién perdona Dios, si a ellos con sus cargas de telas y oraciones o a un simple pecador. Esteban Casañas Lostal.

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