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Ideas al vuelo


¿Comisarios de la felicidad?


Ricardo Medina Macías

Una de las variadas formas que adopta la política cuando se degrada es la de falso mensaje de salvación impuesto a rajatabla. Deberíamos huir, como de la peste, de cualquier político que se proclame vigía de nuestra felicidad porque lo primero que pretenderá quitarnos es la libertad, y con ella todo lo demás.

Mi alegato sobre los daños a la salud pública que, también, causa el excesivo consumo de azúcar acabó, a los ojos de muchos lectores, como una ironía fallida. Es mi culpa, la ironía es un arma intelectual sumamente delicada que debe emplearse con mesura y oportunidad.

Varios lectores, enojados, entendieron que se trataba de una defensa del vicio de fumar; otros interpretaron que había experimentado una súbita e inopinada conversión hacia el intervencionismo gubernamental y había colgado de repente el liberalismo como si se tratase de un error de juventud. Sobre la primera interpretación sólo debo aclarar que jamás fue mi intención poner en duda los datos científicos y clínicos que muestran los daños del tabaquismo, tanto en los fumadores como en quienes no lo son pero que aspiran involuntariamente el humo que expelimos los fumadores y nuestros cigarros. Lamento el equívoco que fue mi culpa, ya que la primera obligación del emisor es cerciorarse de que sus mensajes no sean equívocos.

Pero mucho más me agobia que alguien sospeche siquiera que yo promuevo el hecho detestable de que legisladores y políticos se erijan en comisarios de la salud y de la felicidad. Por el contrario, traté de burlarme de tan exorbitante y odiosa pretensión.

De hecho, cuando los políticos en campaña – como sucedió no hace mucho en México- empiezan a decirnos que ellos se harán cargo de que seamos felices es la más clara señal para salir huyendo. ¡Ahí viene una dictadura, pura y madura!

Y es, además, el aviso de un provenir sombrío, en el que la primera víctima de ese remedo de mensaje de salvación es la libertad. Y tras ello todo lo demás: Sin libertad se cancelarán sin remedio las posibilidades de prosperidad y de progreso, se suprimirá la igualdad más importante que es la igualdad de todos ante la ley, se torcerán los principios morales básicos y, en nombre de nuestra felicidad, los autoproclamados comisarios no dudarán en mentir, robar, matar, torturar.

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