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Ideas al vuelo

Los políticos y la salud pública

Ricardo Medina Macías

Ya que a nuestros egregios legisladores les ha dado por convertirse en infatigables comisarios de nuestra salud física, ¿sería demasiado pedir que enfocaran su ardiente y salutífero celo también al combate del consumo excesivo de azúcar, especialmente entre menores de edad?

A última fechas los legisladores mexicanos han descubierto una gran veta de actividad en la promoción de una vida saludable para todos los mexicanos. Al menos así es como nos han dicho, los propios legisladores, que debemos entender su súbito interés en convertir a México en algo así como un territorio “libre” de humo de tabaco, (uso sobremanera paradójico del término “libre” cuando en realidad se trata de prohibiciones). Como pertinaz fumador que soy podría parecer el menos autorizado para censurar ese noble propósito, pero me preocupa que a veces quieren hacernos saludables sin que los hayamos seleccionado como médicos. La libertad es un bien más preciado que unos pulmones limpios.

En México – como en muchos otros países- se ha verificado un inusitado interés de los legisladores por alejar a los ciudadanos de los peligros del tabaquismo, esgrimiendo el argumento, plausible, de que el humo de los fumadores también daña a los no fumadores. Las acciones legislativas van encaminadas a prohibir el acto de fumar en cada vez más espacios. También pueden leerse, tales acciones, como una cruzada para convertir el acto de fumar en un estigma social.

Todo esto podría ser bueno para la salud de la sociedad (no es ése el asunto de este artículo), pero sería candoroso pensar que la embestida legislativa obedece a un súbito episodio de filantropía que experimentaron los legisladores. Llama la atención que esos mismos legisladores – que se dicen tan preocupados por la salud de sus conciudadanos- nada hayan hecho hasta ahora para combatir otros hábitos aún más perniciosos (y mucho más caros para la sociedad cuando hay que atender sus consecuencias en la salud), como es el del consumo de refrescos azucarados, especialmente entre los menores de edad. ¿Veremos algún día campañas para hacer de las escuelas, los campos deportivos, los bares y los cafés “espacios libres de ázucar”?, ¿habrá letreros en las tiendas que dirán: “No vendemos refrescos con azúcar a menores de edad”? Lo dudo, hace poco no quisieron tocar a la industria refresquera ni con el pétalo de un impuesto más alto.

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