>Castro rumbo al ocaso

El hombre que condujo los destinos de Cuba durante los últimos 49 años y se transformó en símbolo mundial del enfrentamiento a Estados Unidos, no morirá en el poder.

A diferencia de otros dictadores vitalicios y líderes comunistas perpetuados durante la era moderna, Fidel Castro anunció en la madrugada del lunes que, por motivos de salud, renunciaba a su puesto al frente de la nación cubana.

Aunque se trata de un retiro formal, sin cambios en las estructuras gubernamentales, se abre una nueva etapa histórica para Cuba.

“A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré –repito– no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”, escribió Castro en un mensaje publicado en la edición del diario Granma y reproducido por todos los medios oficiales cubanos.

El texto apareció firmado por el gobernante, con fecha del lunes a las 5:30 p.m., y fue colocado en la página digital de Granma poco antes de las 3 a.m del martes. Apenas unos minutos después la noticia inundó las ediciones electrónicas, los espacios radiales y las cadenas televisivas del mundo entero.

Aunque en un artículo anterior el mandatario había adelantado que en su “próxima reflexión” abordaría un tema de interés para muchos compatriotas, el anuncio tomó por sorpresa a los cubanos, que no salían de su asombro desde las primeras horas del amanecer.

Castro despejó así las especulaciones sobre su futuro político que rodeaban la constitución de la séptima legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), el próximo 24 de febrero.

No es la primera vez que su renuncia a los cargos públicos –al menos como declaración o amago– se registra en la historia cubana.

El 17 de julio de 1959 anunció que renunciaría como primer ministro en desacuerdo con el comportamiento del gabinete gubernamental designado, desastando una crisis que terminó con la renuncia del presidente Manuel Urrutia y la exaltación popular de Castro.

Once años después, el 26 de julio de 1970, dijo que estaba dispuesto a dimitir tras el fracaso de la zafra de “los 10 Millones”, pero una multitud de partidarios le ahogó el simulacro en medio de vítores en la Plaza de la Revolución.

Las circunstancias de este momento son completamente distintas y nada indica que pueda haber vuelta atrás.

“Traicionaría por tanto mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer. Lo explico sin dramatismo”, señaló el gobernante, que había cedido temporalmente el poder el 31 de julio del 2006 tras una compleja cirugía intestinal.

Castro, de 81 años, advirtió que el camino del país “siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos”, aunque adelantó que no abandonará totalmente el escenario político.

“No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título ‘Reflexiones del compañero Fidel’. Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso”, concluye el mensaje.

Castro reconoció que a pesar de su precario estado de salud, tanto su hermano Raúl Castro como los demás integrantes de la élite del Partido Comunista (PCC) y el Estado cubano “fueron renuentes” a considerarlo apartado de sus cargos.

Su ausencia de los escenarios públicos cumplía ayer 18 meses y 24 días, la mayor desde que llegó al poder el 1ro. de enero de 1959. En este período sólo ha sido visto en videos grabados y, desde el pasado 29 de marzo, su pensamiento ha llegado a la prensa mediante 77 artículos publicados en los medios oficiales bajo el rótulo de “Reflexiones del Comandante en Jefe”.

No está claro si el gobernante abandonará también sus responsabilidades como primer secretario del PCC, responsabilidad que ostenta desde la creación de esa entidad política en 1965.

Curiosamente, el anuncio se produjo casi en la misma fecha en que Castro asumiera hace 49 años el rol de primer ministro en el naciente gobierno revolucionario de Cuba, el 16 de febrero de 1959.

La decisión deja abierto el camino para que el gobernante interino Raúl Castro se convierta en presidente del Consejo de Estado, un cargo que mantuvo Fidel Castro desde su institución en 1976, aunque no se descarta una dirección colegiada que incluya al actual vicepresidente, Carlos Lage, al frente del Consejo de Ministros, y al titular del Parlamento, Ricardo Alarcón.

El pasado 20 de enero Castro fue elegido, con el 98.2 por ciento de votos, entre los 614 candidatos a los 614 escaños del Parlamento cubano. Su hermano Raúl fue el parlamentario que –según las estadísticas del Consejo Nacional Electoral– recibió mayor respaldo popular, con el 99.4 por ciento.

El momento resulta crucial. El cardenal Tarcisio Bertone, el número dos del Vaticano, llega hoy a La Habana con una agenda abierta a “discutir todos los temas, incluso en los que pueda no haber coincidencias;”, según declaró el canciller Felipe Pérez Roque.

En los primeros días de marzo se anuncia la visita del comisario europeo Louis Michel para tratar de impulsar el diálogo político con el gobierno cubano.

Mientras, la propuesta lanzada ayer en el mensaje de Castro apunta claramente a una sucesión en el poder: “Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución”.

Desde las primeras horas, el anuncio de Castro desató una avalancha de reacciones sobre el significado de su renuncia para el futuro de la isla.

De visita oficial en Ruanda, el presidente George W. Bush fue uno de los primeros en emitir un pronóstico.

“Veo esto como un período de transición y podría ser el comienzo de la transición democrática para el pueblo de Cuba”, expresó Bush desde Kigali, la capital de Ruanda.

El mandatario estadounidense exhortó a la comunidad internacional a “no privilegiar la estabilidad en detrimento de la democracia” y sugirió que los primeros pasos de un cambio político real en la isla deberían ser la liberación de los presos políticos y la realización de “elecciones libres y justas”.

Sin embargo, las fuerzas legislativas que abogan en Washington por el levantamiento del embargo, tomaron la iniciativa y emitieron una petición urgente a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, para “una revisión completa” de la política hacia la isla.

“Después de 50 años, es hora de pensar en algo nuevo”, indicó una carta suscrita por 108 congresistas, entre ellos ocho republicanos. “Una revisión completa de la política estadounidense está claramente a la orden del día”.

Entre los firmantes están los demócratas James McGovern y William Delahunt, junto al republicano Jeff Flake, férreos opositores a las restricciones impuestas por la Casa Blanca en el 2003 a los viajes y el envío de remesas a Cuba. La solicitud necesita aún otros 107 firmantes para conseguir mayoría en la Cámara de Representantes.

Pero el secretario de Comercio, el cubanoamericano Carlos Gutiérrez, salió al paso a la iniciativa.

“Una verdadera transición a la democracia no puede darse con cambios cosméticos en el liderazgo de Cuba ni con el reemplazo de un dictador por otro”, afirmó Gutiérrez a El Nuevo Herald. “No habrá cambio de política, porque el cambio debe ocurrir en Cuba”.

El funcionario apuntó que Washington rechazará “cualquier iniciativa que se emprenda para fortalecer el régimen de Fidel Castro, que deja un legado de odio, violencia y represión para el pueblo cubano”.

Las autoridades del Servicio de Guardacostas y la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) aseguraron ayer estar preparadas para la posibilidad de un éxodo masivo desde la isla, pero consideraron que la situación es normal y no existen indicios para una alarma migratoria en el Estrecho de la Florida.

El presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Poettering, manifestó su confianza en que “la renuncia de Castro traiga más libertad al pueblo cubano”.

“Ojalá haya una evolución democrática en Cuba”, afirmó el dirigente parlamentario.

En España, país que ha reactivado el diálogo con el régimen castrista desde el 2004, el canciller Miguel Angel Moratinos confesó no estar sorprendido por la noticia, y consideró que se abre “un momento importante” para la isla caribeña.

“España acompañará y hará todo lo posible para que el futuro sea el mejor posible para todos los cubanos”, declaró Moratinos.

La reacción de otros actores políticos internacionales mostró mayor escepticismo.

“El comunismo prevalece aún en Cuba”, manifestó el ex presidente polaco y líder del legendario sindicato Solidaridad, Lech Walesa. “Si Castro continúa transmitiendo el poder a este ritmo, terminará de pasarlo dentro de 200 años’.

El periodista y ex prisionero político cubano Raúl Rivero coincidió con Walesa y opinó que nada cambiará esencialmente en Cuba mientras Castro continúe vivo.

“Lo único que ha pasado es que [Castro] ha cambiado las charreteras de Comandante en Jefe del uniforme verde olivo y se las ha puesto a la sudadera de Adidas con que ahora suele aparecer”, opinó Rivero. “Ya advirtió que seguirá reflexionando, lo que equivale a que cada decisión que vaya a tomarse en el país pasará por su veredicto y aprobación”.

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