>Demagogia sobre ricos y pobres

Thomas Sowel

Cuando hablamos de ricos o pobres nos referimos a seres humanos pobres y ricos, no a grupos estadísticos. Pero políticos y medios tratan a personas y horquillas estadísticas como si fueran lo mismo.

Todo el mundo espera que los políticos mientan, especialmente en campaña. Puede jugarse hasta la camisa por ello, que no la perderá. Entre las muchas falsedades que podemos estar seguros de que escucharemos en este año electoral, ninguna será mayor ni será repetida con mayor frecuencia tanto por los medios como por los políticos, que la mentira de que existe una diferencia creciente entre los ingresos de los ricos y los pobres. ¿Pero por qué es eso mentira, cuando hay tantas estadísticas que parecen sustentarlo?

Empecemos por el principio y vayamos paso a paso. En primer lugar, existe una diferencia fundamental entre categorías estadísticas y seres humanos de carne y hueso. Cuando existe una disparidad creciente entre una categoría estadística y otra categoría estadística a lo largo del tiempo, no significa que haya también una disparidad creciente entre seres humanos de carne y hueso, porque los seres humanos pasan continuamente de una categoría estadística a otra.

En este caso, las categorías estadísticas son las divisiones de la población según su renta. No hay duda de que los ingresos en los grupos de mayor renta han crecido tanto en términos absolutos como en relación a las horquillas inferiores. El truco está en que millones de personas pasan de una horquilla de renta a otra. Es más, los contribuyentes cuyos ingresos estaban en el 20% de cola en 1996 los aumentaron en un 91% durante la siguiente década. Mientras tanto, los contribuyentes en la centésima parte del 1% superior –”los ricos” o “súper-ricos”, si usted se cree a políticos y medios– vieron desplomarse sus ingresos alrededor de un 26% a lo largo de esos mismos años.

Obviamente, cuando los ingresos de millones de personas prácticamente se duplican a lo largo de una década, muchas de ellas abandonan la horquilla inferior de ingresos en algún momento de esos diez años. Del mismo modo, cuando aquellos que se encontraban en puestos de cabeza vieron caer sus ingresos alrededor de un cuarto del total, muchos abandonaron ese grupo. Cuando hablamos de ricos o pobres nos referimos a seres humanos pobres y ricos, no a grupos estadísticos. Pero políticos y medios tratan a personas y horquillas estadísticas como si fueran lo mismo.

Parte del motivo es que los datos sobre grupos estadísticos son más numerosos y fáciles de encontrar, ya procedan de estadísticas del Censo o de todo un abanico de fuentes que disponen de ellos. Sin embargo, los datos basados en seguir a individuos reales de carne y hueso a lo largo del tiempo también están disponibles. Las estadísticas citadas arriba proceden del Departamento de Hacienda, que al disponer de datos sobre el impuesto de la renta no tiene ningún problema para seguir a las mismas personas a lo largo de años. Puede usted comprobar las cifras por sí mismo en un informe del 13 de noviembre de 2007 del Departamento de Hacienda titulado Movilidad de rentas en Estados Unidos de 1996 a 2005. Puede usted encontrar un resumen de los mismos datos en un editorial del Wall Street Journal de esa misma fecha.

Éstos no son los únicos datos que cuentan una historia diametralmente opuesta a la letanía política y mediática habitual de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Un estudio previo de Hacienda mostraba patrones similares en los cambios individuales en las rentas entre 1979 y 1988. Por otra parte, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Michigan, haciendo un seguimiento a los mismos individuos a lo largo de un margen de tiempo más amplio, concluía de igual manera que la mayor parte de la gente pasaba de una horquilla de renta a otra, sobre todo aquellos que comenzaban en el grupo del 20% de menores ingresos.

El Panel de Estudio de la Dinámica de Renta de la Universidad de Michigan demostró que entre personas que se encontraban en el grupo del 20% de menores ingresos en 1975, sólo el 5% se encontraba aún en esa categoría en 1991. Casi seis veces más de los que se habían quedado estancados se encontraban en el 20% con mayores ingresos en 1991. Apareció un resumen de los datos de la Universidad de Michigan en el informe anual de 1995 del Banco de la Reserva Federal de Dallas, que también publicó un extracto titulado Pisándonos los talones.

Está de moda entre la intelligentsia burlarse de la movilidad social calificándola de “mito de Sísifo”. Como alguien dijo una vez, no se puede refutar una burla. Pero a quienes aún no han dejado de lado los hechos para sustituirlos por retórica puede que les merezca la pena detenerse a considerar si políticos y medios no les estarán tomando el pelo.

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