>¿APOCALIPSIS O CREATIVA DESTRUCCIÓN?

Parte Final

Ricardo Valenzuela


Ante la nueva mezcla bautizada “democracia liberal,” en 1929 se inicia la gran depresión de los EU para convertirse en un fenómeno mundial. Los enemigos del liberalismo de inmediato lo culpan de tal devastación y tenían motivos puesto que, Hoover, ingeniero republicano, como Secretario de Comercio la sembrara para cosecharla como presidente al aplicar medidas anti liberales pretendiendo manejar la economía como proyecto de ingeniería civil.

El desplome de Wall Street en Octubre de 1929 y la gran depresión que le siguiera, permanecen como uno de los grandes misterios de la historia. Los EU, durante los años 20, continuaba como una economía laissez—faire en la cual los hombres de negocios tenían total libertad para llevar a cabo sus propios arreglos, y los trabajadores para negociar sus compensaciones de acuerdo con los dictados del mercado.

Pero esa economía auto regulada cargaba ya una peligrosa amenaza. A las empresas americanas se les tendía una red de protección en contra de la competencia extranjera a base de gigantescas tarifas. El presidente Wilson había iniciado un encomiable esfuerzo para eliminarlas pero los mandatarios republicanos que le siguieron, Harding, Coolige y Hoover, no continuaron sus gestiones y el reloj no se detenía.

Los líderes americanos abandonaban su filosofía Laissez—faire de libre comercio y monedas fuertes, para tomar la ruta suave de altas tarifas e inflación. Las industrias protegidas, los exportadores subsidiados y los banqueros flotando los bonos, fueron los grandes beneficiados de tal manipuleo. Pero el gran perdedor sería el pueblo americano cuando le negaban los competitivos precios de productos importados, sufrirían de una incontrolable inflación, y finalmente lo cubría una devastación total.

La inspiración para esta masacre era el libro de Keynes “Trac on Monetary Reform,” publicado en 1923. El gran mito emergente en los años separando las dos guerras, era el que Laissez—faire causaba el terremoto y Keynes, blandiendo la bandera de la interferencia gubernamental, el salvador ante la anarquía del capitalismo. Los ejecutores de esta nueva política serían Benjamín Strong, gobernador del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, y Montague Norman, gobernador del Banco de Inglaterra, ambos adoradores de Keynes. Como era clásico, las políticas de Keynes en el corto plazo daban la apariencia de funcionar, tal vez por ello cuando alguien lo cuestionaba al respecto él afirmaba; “en el largo plazo todos estaremos muertos.”

Al asumir Hoover la presidencia en 1929, el mecanismo de la debacle de Wall Street estaba ya listo. Cuando la magnitud de la crisis se identificaba con claridad, Mellon, Secretario del Tesoro, recomendó abandonar las políticas intrusivas y regresar al laissez—faire para que el mercado se colara estilo creativa destrucción de Shumpeter. Pero Hoover, ignorando al famoso banquero, ordenaba continuar con la inflación del crédito. El FED inyectaba más de 300 millones en Octubre de 1929. La Gran Depresión se iniciaba.

La explosión de la segunda guerra mundial y la extendida Gran Depresión, era el pretexto requerido por “el grupo” para ejecutar la segunda fase de la toma total con la implementación de: “The New Deal.” A partir de la toma rooseveliana, el gobierno de los EU ha llegado a disponer de más del 50% del ingreso nacional. Al final de la segunda guerra mundial los EU emergía como el único país desarrollado que no fuera destrozado y procede, con las recetas de Keynes, a cerrar ese condado arreciando el proceso para desmantelar su estructural liberal.

Nace entonces un “liberalismo social” buscando armonizar los derechos individuales con los derechos sociales. Supuestamente un liberalismo con reglas para que los grandotes no se llevaran todos los dulces de la piñata. Un concepto tratando un divorcio del liberalismo puro que “el grupo” había desprestigiado al culparlo de la gran depresión, pero tristemente culminando en el férreo estatismo que ahora representan los demócratas estadounidenses, hasta cierto punto los republicanos y todos los partidos supuestamente “pro mercado.”

El nuevo Estado hercúleo era el instrumento utilizado por los herederos de la iglesia y las monarquías para ejecutar sus planes. Los acuerdos de Bretton Woods les daban las armas requeridas. El FMI, el Banco Mundial, el GATT y, sobre todo, los nuevos acuerdos monetarios mundiales, serían los clavos para remachar el ataúd de la libertad confeccionado por el New Deal el cual sería reforzado en los años 60 por la convocatoria de Johnson en su The New Society, y así cerrar las barras carcelarias de las atoras mentes libres de los americanos creando ahora una sociedad de “estampillas para alimentos.”

Sin embargo, en el ajedrez mundial permanecían dos grupos luchando por su domino: Los representantes de la opresión comunista y los líderes de un “mundo libre.” Al arreciar esa lucha, surge en los EU la organización que les sirviera el triunfo a los hombres sabios del mundo occidental; “The Concil of Foreing Relations” (CFR). En 1972, el banquero, David Rockefeller, le da vida a esta organización con un solo objetivo: Lograr la dominación total del mundo. Esta organización ampliaría sus tentáculos formando luego la “Comisión Trilateral,” para dar cabida a miembros prominentes de otros países del “mundo libre.”

Las instituciones de Keynes en el largo plazo le servían al mundo algo desconocido: Stagflación. Por primera vez en la historia se presentaban en el mismo menú inflación con recesión y la presidencia de Jimmy Carter, miembro del CFR, era el escaparate más visible. Pero, en 1980, los EU elegían al primer presidente sin credencial del CFR, Ronald Reagan, quien durante toda esa década se dedicara a tirar las barras de la prisión erigida por los hombres sabios.

Sin embargo, al final de la presidencia de Reagan, la lucha se reanudaba y luego de tres presidencias Bush, una Clinton y otra en el horno, como el burro de la noria, el mundo ha regresado al control del CFR. Con ese propósito utilizan su más afilado instrumento, el FED con su diarrea de papeles sin valor y de nuevo paquetes económicos con estimulantes esteroides, sin entender ahora enfrentan un enemigo verdaderamente poderoso; La tecnología que provoca la resurrección de Shumpeter para hacer de su “creativa destrucción de los mercados,” finalmente una realidad.

Lo que en estos momentos atestiguamos con tanta ansiedad, es la lucha final entre el establishment y un mercado liberado por la tecnología que se rehúsa a ser de nuevo aprisionado. No sabemos cuánto tiempo tomará su definición, pero mi apuesta está con el mercado aunque, por desgracia, en este proceso el camino quedará sembrado con cuerpos sin vida de muchos inocentes. Esta es la verdadera guerra que el mundo libra: Los hombres sabios y su ejército de políticos profesionales, contra el mercado representado por la sociedad civil, y la lucha es a muerte.

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