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Política Internacional / Emilio J. Cárdenas
De Noriega a Chávez, y de éste a Kirchner

Manuel Antonio Noriega, el ex general y presidente de Panamá que permitió que el Cartel de Medellín operara desde su país, sigue batallando sin pausa en Miami para, luego de cumplir 17 años de cárcel en la Florida, tratar de evitar ser ahora extraditado a Francia, donde se lo acusa de haber “lavado dinero”.

Hasta el momento, ha ido perdiendo todas y cada una de las batallas judiciales que enfrentó. Le queda, sin embargo, la posibilidad de recurrir a una última apelación: la del Tribunal de Apelaciones Federal del XI Circuito, en Atlanta, Georgia.

Sin embargo, el futuro empieza a teñirse de galo para Noriega. Por otro buen rato estará preso en Francia, seguramente. Se habla de otros diez años tras las rejas.

Usted, lector, a esta altura de la lectura, se preguntará el porqué del título de esta nota. ¿Qué tienen que ver Hugo Chávez y Néstor Kirchner con Noriega y sus problemas?

Por el momento, nada. Es más, poco y nada. Pero, créame, lector, hay una palabra inusual que me ha comenzado a preocupar: “racketeering”. Vocablo que, en inglés, tiene que ver con la obtención y uso ilegal de dinero.

Me preocupa, explico, porque esa palabra está apareciendo nuevamente en el horizonte (como sucedió en su momento en el caso Noriega) a través de otro juicio, muy publicitado, también radicado en el estado de Florida: el que se vincula con el sorpresivo hecho que protagonizó Antonini Wilson cuando intentó ingresar –sin declarar– 800 mil dólares a la Argentina.

Allí también hay sombras de “racketeering”. Ése es, quizás, el denominador común con Noriega. Pocos parecen, por ahora, advertirlo.

Si el camino que se transita judicialmente finalmente toma ese rumbo, las consecuencias del proceso pueden llegar a ser serias para más de uno.

En el país del norte los jueces son independientes. E imparciales. No se dejan seducir, ni amedrentar, como en otros lares. Son también severos. Y no les gusta demasiado que otros, violando la ley, se inmiscuyan en su jurisdicción para conspirar, desde el suelo americano, respecto de cómo usar dineros espurios –provistos por un hombre que vive demonizando a los Estados Unidos– para tratar de ganar (ilegalmente) elecciones presidenciales en terceros países, como la Argentina.

En el caso de que las antedichas sospechas, como cabe presumir, se conviertan en pesadilla para alguno, el caso “Antonini Wilson” pasaría a la historia. No sólo porque a través de él se habrán descubierto maniobras ilegales de financiamiento de campañas electorales en la Argentina, sino porque no es imposible que, de pronto, quien alguna vez tuvo inmunidad soberana “quede salpicado” y hasta eventualmente “pegado”.

Ojalá me equivoque. Aunque la pesadilla puede transformarse, de pronto, en fea realidad. Habrá que estar atentos. © www.economiaparatodos.com.ar

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