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¿”Mandato dual” o locura política?


Ricardo Medina

¿En qué estaba pensando Ben Bernanke cuando propuso el insólito descenso de tres cuartos de punto en la tasa de interés de referencia? Apuesto que estaba pensando en el próximo 4 de noviembre. No, no es la economía. ¡Son las elecciones!


“Tal vez mis palabras más importantes durante seis años al servicio del gobierno fueron: ‘No hagan nada’ (Do nothing)”, escribió George Pratt Shultz.

El actual presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, parece estar en el polo opuesto al de Shultz, quien, entre otras muchas cosas, fue director de la oficina de presupuesto, secretario del Tesoro y secretario de Estado, durante su paso por el gobierno de Estados Unidos a las órdenes de tres presidentes.

Bernanke, muy al contrario, es de los que creen que hay que hacer muchas cosas, hacerlas rápido y de preferencia en forma espectacular. Ese es el problema.

La revista británica The Economist señaló que la pregunta que se hicieron los mercados, ante el insólito recorte de tasas, fue: ¿Qué otra mala noticia, que nosotros no sabemos, sabe Bernanke?”

Bien, lo que parece saber Bernanke es que este año hay elecciones presidenciales en Estados Unidos y que hay una regla no escrita pero inflexible en la Fed: “Jamás apliques una política que parezca restrictiva en un año electoral. Los políticos no te lo perdonarán”.

El 17 de enero, durante su presentación ante el comité de presupuesto de la cámara de Representantes, Bernanke repitió al menos tres veces que la Reserva Federal de Estados Unidos tiene “un mandato dual”: la estabilidad de precios y “promover la máxima tasa de empleo sostenible”. Prometió que cumpliría con ambos.

En realidad, ese “mandato dual” es la expresión de un absurdo compromiso entre keynesianos y ortodoxos (o entre políticos que buscan votos y economistas que aborrecen la inflación… y tienen buenas razones para ello). Es un mandato imposible de cumplir. Los bancos centrales deben tener un solo propósito: la estabilidad de precios; añadir el sostenimiento del empleo es la mejor forma de fracasar en ambos.

Es una tontería decir que los recortes de tasas y las inyecciones de liquidez son “insuficientes”. Es exactamente lo contrario: Son medidas impertinentes, excesivas, desatarán los demonios de la inflación, pospondrán la hora de la verdad –tal vez por semanas o meses, pero difícilmente hasta después de noviembre- y harán mucho más doloroso el ajuste.
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