>Ecuador: Y ahora les tocó a las vacas

por Gabriela Calderón

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org y columnista de El Universo (Ecuador).

Guayaquil, Ecuador—Hace cinco meses al Presidente le molestaban los precios del aceite, arroz, hortalizas, urea, gas y la harina. Ahora es el turno a las vacas: el precio de la leche no va de acuerdo con los deseos del gobierno y como es de costumbre, seguramente la culpa la tienen los malévolos especuladores.

El alza de precios de la leche y otros productos básicos como el trigo es un fenómeno mundial. De hecho, los precios mundiales de la leche se han duplicado en los últimos dos años. Esto se debe en gran parte a la creciente demanda por parte de economías que están creciendo a un paso acelerado como China. El chino promedio consumía más de dos galones de leche en 2000, ahora consume más de seis.1 ¿Será que los productores y consumidores de leche alrededor del mundo conspiran en contra del gobierno de Rafael Correa, así como en septiembre parecía que todos los molineros del mundo lo hacían?

Los precios desempeñan tres funciones esenciales: (1) transfieren información; (2) proveen un incentivo para adoptar métodos de producción menos costosos y que por lo tanto requieren de menos recursos para producir los bienes y servicios más altamente valorados; y (3) determinan quien obtiene cuanto de cada bien y servicio, esto es, la distribución del ingreso.2

Los controles de precios socavan estas tres funciones y resultan en dos consecuencias inmediatas: (1) se aumenta la demanda del bien o servicio con precio controlado y, como resultado de esto, (2) se produce la escasez de ese bien o servicio ya que más personas lo comprarán y, además, la producción de ese bien o servicio se desalienta. Al momento de establecer un precio máximo, en primer lugar se afecta a los productores marginales, esto es, a los más pequeños e ineficientes. No hay experiencia que demuestre lo contrario a lo largo de la historia.

Las consecuencias de los controles de precios, además de la escasez y el mercado negro que crean, son las políticas públicas en las que suelen derivar. Para controlar efectivamente el precio de la leche a largo plazo, el gobierno probablemente tendrá que: comenzar a subsidiar a los lecheros, controlar el precio del alimento de las vacas, del plástico y cartón de empaque, de las vacunas y antibióticos, de las remuneraciones de los veterinarios, ordeñadores y conductores de camiones de leche, etc., y en general de todos los bienes y servicios relacionados directa e indirectamente con la producción de leche. Es decir, para controlar efectivamente el precio de la leche se requiere controlar el precio de todos los bienes y servicios en una economía, inclusive el precio de su trabajo.

Quienes proponen controles de precios creen que los “precios justos” son determinados por los costos de producción y que la “ganancia justa” es igual para todos los productores. La realidad es que los precios, en un mercado libre, son determinados por millones de compradores y vendedores (léase demanda y oferta).

Esta medida hará que la economía sea menos eficiente y derivará en mayor pobreza. Al igual que la reforma tributaria, la cada vez más íntima relación con los militares y la hostilidad con la prensa, estos controles de precios son una muestra más del carácter autoritario del gobierno socialista del siglo XXI.

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