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Orange asedia a los jornaleros

Entra en vigor la ordenanza que prohíbe pedir trabajo en ciertas áreas de la ciudad

Con la entrada en vigor de la ordenanza 19.07, que prohíbe solicitar trabajo en banquetas, donde no existen líneas de estacionamiento o entradas particulares, la ciudad de Orange se convierte en el territorio más hostil del Sur de California para los jornaleros.

Ni afuera de las tiendas por departamentos, ni en la fachada del Seven Eleven de la avenida Katela, ni en otro lugar de dicha ciudad se vio a algún trabajador temporal pidiendo empleo. Policías en bicicleta o en patrullas vigilaron estos sitios.

“Con esta actitud la ciudad se está involucrando en ese sentimiento antiinmigrante que prevalece en el país. La idea es correr a los jornaleros de Orange”, reclamó el vocero de la Red Nacional de Jornaleros, José Esquivel. A su consideración, esta nueva ordenanza viene a rematar a los indocumentados que terminaron en el limbo migratorio, después de la fallida reforma del año pasado.

La ordenanza 19.07, que fue aprobada en diciembre de 2007, viene respaldada por duras medidas que incluyen multas, citatorios judiciales o arrestos. Además da el derecho a los propietarios de negocios a denunciarlos ante las autoridades para que los desalojen o infraccionen.

Hace unas semanas los jornaleros recibieron un fuerte revés del Centro de Recursos de la ciudad, lugar donde se agrupaban para pedir empleo, que empezó a requerirles tres identificaciones para seguir apoyándolos. Nadie cumplió con estos requisitos y hoy el lugar luce vacío.

“Es una contradicción que, teniendo un centro, piden papeles a la gente, y luego como la gente no tiene papeles se va a la esquina. Básicamente no le dejan ninguna opción”, argumentó Esquivel.

Pero Orange no es la única municipalidad que se ha pronunciado en contra de, en su opinión, la “mala imagen” que dan los trabajadores temporales afuera de los comercios. En 2007 la ciudad de Baldwin Park intentó poner en efecto una ordenanza similar que fue retirada cuando se enfrentó a una demanda de la Red Nacional de Jornaleros y a la intervención de la asambleísta Hilda Solís.

En Costa Mesa no se pudo impedir que cerraran el centro de jornaleros.

Del Sur de California, Orange es la ciudad que más agresivamente está tratando de legislar en contra de los jornaleros, señaló Esquivel. “Es la ciudad más inhóspita para ellos”.

Infructuosamente se intentó obtener comentarios del procurador de la ciudad de Orange, David de Berry, o de alguna otra autoridad de Orange. Hace unos días De Berry dijo a La Opinión que el objetivo del desalojo de los trabajadores es ubicarlos en el Centro de Recursos cuya dirección es 210 North Mcpherson Road.

Un estudio realizado por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) denominado On the corner: Day Labor in the United States, revela que 117,600 trabajadores temporales salieron a ganarse la vida cada día durante 2006.

De acuerdo con la Red Nacional de Jornaleros en el área de Los Ángeles, existen alrededor de 20 mil empleados temporales que, en promedio, ganan 10 dólares por hora y trabajan tres días a la semana.

Para Manuel, un salvadoreño de manos curtidas y piel requemada por el sol, se viven los peores días para los jornaleros por la crisis económica que enfrenta el país.

“Nosotros necesitamos trabajo: no hay. Está duro ahorita, aquí no cae nada, nomás los que estamos viejos a veces venimos a platicar, para reunirnos; sí cae algún trabajito, pero de vez en cuando”, dijo el hombre, que esperaba a que alguien le diera algún “trabajito” afuera de la tienda Home Depot en el bulevar Whittier de Pico Rivera.

Los trabajos llegan a cuentagotas en este sitio, afirma Jesús, un jornalero de Sinaloa, que a veces se le ve descargando camiones, reparando alguna casa o pintando comercios.

La fraternidad es la que los mantiene en pie, dice Manuel. “Nos sostenemos de que un camarada trae feria [dinero]: ‘toma, ahí te va, para que comas algo’”.

Por eso, de repetirse la ordenanza de Orange en Pico Rivera, con esa fuerza que los ha impulsado a salir a ganarse la vida todas las mañanas, ambos dieron la opción más viable: “Si viene para acá nos vamos para otro lado”.

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