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Caroline B. Glik
Paralelos históricos de Bush

La política exterior de George W. Bush, tiene cierto paralelismo con la del Ex Pte Truman. Ambos enfrentaron una guerra impopular, Corea e Irak, y le hicieron frente a las nuevas amenazas, para Truman el comunismo, para Bush los islamista fundamentalistas.

Durante su mandato como secretario de defensa del Presidente George W. Bush, Donald Rumsfeld comparada con frecuencia las decisiones en materia de política exterior de la administración con la de la administración Truman durante los primeros años de la Guerra Fría. Mientras el Presidente George W. Bush realiza visitas a Israel, la Autoridad Palestina, Egipto, Arabia Saudí y los estados del Golfo con una agenda declarada de impulsar el objetivo del estado palestino, vale la pena examinar los logros del presidente Truman y compararlos con los del Presidente Bush.

El Presidente Harry S. Truman fue en algunos sentidos un presidente accidental. Elegido vicepresidente en el cuarto mandato en el cargo de Franklin Delano Roosevelt, ocupaba la presidencia cuando fallecía en abril de 1945, un mes antes de la victoria Aliada en Europa y cuatro meses antes de la rendición del Japón Imperial.

Mientras la guerra perdía importancia, Truman fue rápido en comprender la amenaza que el imperialismo soviético y la ideología comunista planteaban para la seguridad nacional norteamericana. Un mundo dominado por el comunismo sería un mundo en el que América, como estandarte de la libertad humana y las libertades, no podría estar segura. En consecuencia, reconocía que la inminente Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos sería el enfrentamiento definitorio de la posguerra.

DURANTE SU MANDATO, Truman estableció los instrumentos de gobierno y los asuntos internacionales que, en los años posteriores, contendrían y confinarían la amenaza soviética. También tomó acciones militares para empezar a combatir a los soviéticos con la intención de obligar a retroceder al dominio soviético sobre Europa Central y Oriental y evitar que la Unión Soviética expandiera globalmente su influencia.

Truman estableció el Departamento de Defensa, el Consejo de Seguridad Nacional, las Fuerzas Aéreas y la Agencia Central de Inteligencia. Dispuso la Doctrina Truman, la cual evitó el dominio soviético sobre Grecia y Turquía y puso obstáculos al avance político de los comunistas en Francia e Italia. Creó la Organización del Tratado Atlántico Norte con el fin de proporcionar defensa militar a Europa Occidental. A través del Plan Marshall permitió la recuperación económica de posguerra de Europa Occidental.

Militarmente, Truman estableció la línea de abastecimiento a Berlín para garantizar el desarrollo económico de Alemania occidental como la piedra angular de la unidad europea occidental de posguerra frente a los soviéticos. También emprendió la Guerra de Corea para contener la expansión comunista en Asia.

Después de que los soviéticos sorprendieran a Estados Unidos con su logro de la bomba atómica en 1949, Truman pasó rápidamente a poner a prueba la bomba de hidrógeno. Además, rápido en darse cuenta de que con la llegada de la potencia nuclear soviética Estados Unidos ya no podía depender simplemente de su disuasorio nuclear para combatir a los soviéticos, Truman mejoró y desplegó las fuerzas convencionales norteamericanas, que en gran medida habían sido sentenciadas en la rápida desmovilización tras la Segunda Guerra Mundial.


EN EL FRENTE IDEOLÓGICO Y POLÍTICO, Truman trabajó para educar al pueblo americano acerca de la amenaza del comunismo y tomó medidas para extirpar del gobierno norteamericano a los agentes soviéticos. Truman también estableció la infraestructura para combatir a los soviéticos en una guerra de ideas dentro del bloque soviético. Fundó Radio Free Europe y Radio Libertad, las cuales llevaron los ideales, la cultura y las noticias fiables americanas directamente a la Unión Soviética y la Europa Central y Oriental controladas por los soviéticos.

Más allá de todo eso, Truman se ocupó de la burocracia de su política exterior cuando pensaba que sus miembros se equivocaban. Contra la estridente oposición de su popular secretario de estado George Marshall y lo que Truman llamaba “los conspiradores diplomáticos” en el Departamento de Estado, reconoció al Estado de Israel.


Para cuando abandonaba el cargo, pues, Truman había garantizado que Estados Unidos tenía el respaldo institucional y la voluntad política e ideológica para librar la Guerra Fría, y había mantenido el principio del control presidencial sobre la política exterior norteamericana.

AL IGUAL QUE TRUMAN, BUSH TAMBIÉN FUE EN CIERTOS SENTIDOS un presidente accidental. Su victoria electoral en la carrera presidencial del 2000 llegó a pesar de su fracaso a la hora de lograr el voto popular. También al igual que Truman, Bush se ha visto obligado a hacer frente a un estamento de la política exterior abiertamente hostil a sus objetivos declarados en materia de política exterior. Truman abandonaba el cargo con las cifras de popularidad más bajas de la historia moderna de los Estados Unidos. La guerra de Corea fue aplastantemente impopular y su sucesor, Dwight D. Eisenhower, basó su campaña al cargo en su promesa de sacar de Corea a las fuerzas americanas.


Aunque Bush era considerado un peso ligero de la política exterior cuando ocupaba el cargo, los ataques jihadistas del 11 de septiembre de 2001 contra América dejaron claro que la política exterior iba a dominar su presidencia. Y al igual que Truman, la herencia de Bush estaría determinada por su dirección de la guerra contra el nuevo combate contra la nueva lucha contra el fascismo islámico y la jihad global que marcaría una época.

Bush entiende esto claramente. En sus entrevistas con medios árabes e israelíes con vistas a su viaje a Oriente Próximo esta semana, Bush afirmaba que, al igual que Truman en su momento, espera que la historia le recuerde como el líder que identificó plenamente las amenazas del siglo XXI y sentó los cimientos institucionales, militares e ideológicos para la actual lucha del momento.

Pero aunque los paralelos históricos entre Bush y Truman están claros, al contrario que Truman, Bush no ha mantenido aún un rumbo claro para librar la guerra, y por tanto, con un año que le resta en el cargo, no ha garantizado que aquellos que le siguen vayan a tener bien las herramientas administrativas e internacionales para librar la guerra o la claridad para comprender que la guerra contra el fascismo islámico es en realidad el desafío central a la seguridad del nuevo siglo.


Desde el 11 de Septiembre, Bush ha realizado numerosos discursos que han indicado que en la práctica sí capta los desafíos de nuestro tiempo. En un discurso ante la National Endowment for Democracy en octubre de 2005 por ejemplo, el Presidente decía, “La ideología criminal de los radicales islámicos es el mayor desafío de nuestro nuevo siglo“.


En ese discurso y varios más como este, Bush argumentaba que a los jihadistas se les debe negar el control sobre cualquier territorio; que no puede haber distinción entre jihadistas y sus estados patrocinadores – ambos deben ser derrotados – y que el mensaje de la democracia y la libertad humanas tiene que ser transmitido claramente en una guerra ideológica contra aquellos que predican la jihad.
Bush evitaba el apaciguamiento, afirmando “Ningún acto por nuestra parte suscitó la ira de los asesinos – y ninguna concesión, soborno o acto de apaciguamiento cambiará o limitará sus planes de asesinato.Por el contrario: ellos ponen sus miras en naciones cuyo comportamiento están convencidos de poder cambiar a través de la violencia. Contra un enemigo así sólo puede haber una respuesta eficaz: nunca retrocederemos, nunca abandonaremos, y nunca aceptaremos nada menos que una victoria total“.


Pero los discursos como este se han visto en gran medida reemplazados por las acciones del presidente. Con Al Qaeda y los Talibanes renacientes en Afganistán y Pakistán, y con las fronteras de Irak con Siria, Irán y Arabia Saudí aún sin garantizar, la definición asertiva por momentos del camino a la victoria del presidente se ha visto eclipsada en gran medida por los baches del camino.

TAMBIÉN PUES, aunque al igual que Truman, Bush se dispuso a sentar las herramientas institucionales para librar la larga lucha contra las fuerzas de la jihad, estas instituciones no han hecho nada por impulsar la causa. El Departamento de Interior no ha reducido la fuerza de los agentes islámicos de subversión en los Estados Unidos. Y el National Intelligence Directorate ha causado graves daños al objetivo primordial de Bush de evitar que Irán adquiera armas nucleares. En lo que ha sido denominado un asalto burocrático al poder presidencial de determinar la política exterior norteamericana, el informe National Intelligence Estimate acerca de Irán privaba a Bush de la capacidad política para actuar directamente con el fin de evitar que Irán adquiera armas nucleares.


La decisión la semana pasada del Departamento de Defensa de despedir a Stephen Coughlin, el único experto en derecho islámico en el estado mayor del Pentágono porque su informe documentado acerca del apoyo institucional musulmán norteamericano a la jihad enfurecía a las fuerzas pro-musulmanas en el Pentágono, es otra indicación más de que la burocracia de la política exterior está torpedeando con éxito la agenda del presidente.


Más importante, no obstante, es el hecho de que la nueva piedra angular de la de política exterior de Bush es establecer un estado palestino. El apoyo de Bush al estado palestino, establecido por primera vez sólo dos meses después del 11 de Septiembre, siempre ha sido difícil de encuadrar con su reconocimiento de la jihad global y su ideología islámica radical como los desafíos centrales de nuestra era.


Después de todo, cuando América era atacada, los palestinos entraban en el segundo año de su jihad contra Israel. Los palestinos elogiaban aquellos ataques con placer público. Y ahora, después de que el pueblo palestino eligiera democráticamente a Hamas para representarles y transformaran Gaza en una base de operaciones para terroristas globales; mientras los líderes de Fatah como Mahmoud Abbás rehúsan aceptar a Israel como estado judío y las fuerzas de seguridad oficiales de Fatah asesinaban impunemente a civiles israelíes, el principal objetivo de la política exterior de Bush en su último año en el cargo es establecer un estado palestino.


MIENTRAS QUE BUSH argumenta que hay que enseñar a los palestinos lo que pueden lograr si prescinden del terror y aceptan a Israel, él nunca menciona el precio que tienen que pagar por su constante y abierto apoyo a la destrucción de Israel y su apoyo a, e implicación en, la jihad global. En su trato pues de la guerra de los palestinos contra Israel y su papel central en la jihad global, Bush ha hecho más por socavar la coherencia de su reconocimiento a los desafíos del siglo XXI y su propia herencia dando forma a la guerra del mundo libre contra las fuerzas del terror y la jihad más que nadie.

Truman está considerado hoy uno de los grandes presidentes americanos porque su claridad nítida y políticas consistentes en el cargo pusieron a Estados Unidos en el camino rápido a la victoria contra el comunismo soviético incluso mientras acciones específicas – como la Guerra de Corea – eran profundamente impopulares.

En su último año en el cargo, el desafío central de Bush es aclarar lo que él mismo ha permitido que se atasque en materia de la naturaleza del presente combate generacional. Desafortunadamente, a través de su compromiso con el estado palestino y su rechazo a hacer valer su propia política exterior frente a los deseos de una burocracia hostil, él no trae a la mente a Truman, sino a otro presidente que encabezó a su país en el cambio de signo de otra crisis constitutiva. Al igual que Bush, James Buchanan – el último presidente en ocupar el cargo antes de la Guerra Civil – comprendió la naturaleza de la tormenta que se avecinaba; pero en lugar de plantar cara a los peligros, se vio abrumado por ellos.

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