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La Vigencia del Liberalismo

El mundo liberal, la economía de mercado, el criticado capitalismo no será un mundo perfecto, pero es el mejor de los conocidos, y los experimentos mejor con gaseosa que con países. La globalización, como extensión de las libertades, hoy se manifiesta, a pesar de la abundante desinformación en sentido contrario, como única posibilidad cierta de avance en la reducción de la pobreza.

En pocas ocasiones la realidad se muestra tan tozuda, y es negada con tanta insistencia, como en el caso del éxito de las políticas liberales frente a las socialistas.

La globalización, como extensión de las libertades, hoy se manifiesta, a pesar de la abundante desinformación en sentido contrario, como única posibilidad cierta de avance en la reducción de la pobreza.

La historia reciente nos ha permitido observar auténticos ensayos de laboratorio a tamaño real, por el cual países como Alemania o Corea fueron troceados, separando familias, amigos y haciendas comunes, para poner una parte al servicio del socialismo real mientras que en la otra se respetaron las libertades políticas y económicas.

El resultado no pudo ser más elocuente cuando el muro de Berlín, levantado por el comunismo para evitar la masiva salida de sus ciudadanos, fue derruido a martillazos por los miles de alemanes que padecían aquella infausta opresión.

Lamentablemente aún perdura la fractura de las dos coreas de 1953, y el hecho de que aquellos que disfrutan de libertades hayan alcanzado una renta personal 23 veces superior a las de sus hermanos socialistas del Norte es una garantía de que la dictadura izquierdista tiene los días contados.

Pero la llamativa diferencia entre las dos coreas es incluso inferior a la que hay entre los cubanos que permanecen en la isla de los hermanos Castro y el millón que ha logrado escapar a Miami y, que además tener libertades, forma una de las comunidades más prósperas de Estados Unidos.

Pero pese a la contundencia científica de éxito de la libertad, a la amenaza socialista, revestida en ocasiones de amable indigenismo, se suman aquellas que provienen del fundamentalismo islámico y del nacionalismo extremo, capaz de elevar fronteras étnicas o lingüísticas donde ante hubo armónica convivencia.

Por eso, una vez más, hay volver a reclamar la extensión de las libertades políticas y económicas, que ha permitido, que en sólo dos décadas, aquellos países que han optado por la globalización, aunque sea progresiva como China, hayan reducido el número de personas pobres (con menos de 600 dólares mensuales) en 500 millones.

En ese mismo tiempo los países cerrados a la libertad han visto como sus personas necesitadas crecían en nada menos que 80 millones.

El mundo liberal, la economía de mercado, el criticado capitalismo no será un mundo perfecto, pero es el mejor de los conocidos, y los experimentos mejor con gaseosa que con países.

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