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Absurdo antiamericanismo

Porfirio Ayala

Lo que realmente importa es revivir el americanismo, la defensa de los valores universales de la libertad, la vida y la propiedad que traen prosperidad y esperanzas a los pueblos y atacan en su misma raíz la miseria y la opresión.

Hoy, los políticos populistas latinoamericanos muestran un rabioso antiamericanismo. Más que rencor, les mueve su afán de denigrar del capitalismo, al que culpan de todas las miserias. Los populistas denuncian que Estados Unidos se aprovecha de los pueblos pobres. Por eso, “los países pobres son cada día más pobres y los países ricos cada día más ricos”. Para estigmatizar al capitalismo desentierran el viejo y errado dogma marxista de la explotación, aunque éste se aplicaba originalmente a individuos y no a las naciones. Al hacerlo dejan de lado cien años de gigantescos adelantos logrados por el capitalismo y la inmensa mejoría del nivel de vida de los trabajadores donde hay libertad económica y libre competencia.

Los marxistas entonces cambiaron su virulenta fórmula, aceptando que si bien los trabajadores de países ricos mejoraron su nivel de vida, esta mejoría se logra a expensas de los países pobres. La explotación se trasladó de los trabajadores a las naciones. Los países pobres eran cada vez más pobres debido a que los países ricos eran cada vez más ricos. Al principio, el anticapitalismo y el odio a los “países ricos” incluían a las naciones europeas, pero desde los años setenta, tanto la izquierda radical como la extrema derecha concentraron su rencor en los Estados Unidos, su capitalismo y política “imperialista”.

El paradigma contrario, el americanismo, nació en el siglo XVII, cuando desembarcaron los peregrinos en Plymouth. Esa nueva colonia era comunista: toda su producción se almacenaba en un depósito común para que la autoridad política la distribuyera a cada uno de acuerdo a sus necesidades, según el principio marxista “de cada uno de acuerdo a su habilidad, para cada uno de acuerdo a su necesidad”. Así, pronto los colonos sufrieron hambre y comenzaron a morir. Por fortuna, pocos años después abandonaron el sistema comunista y cada colono tendría derecho sobre los frutos de su propio trabajo.

Desde que se instaló la propiedad privada, los colonos de Plymouth Rock prosperaron y nunca más padecieron hambre y miseria. La nueva nación adoptó muy pronto los derechos de propiedad, la economía creció y se robustecieron los deseos de libertad que más tarde confluyeron en la Revolución Americana. La esencia del americanismo se definió en la Declaración de Independencia de 1776 que afirmó el principio revolucionario de que todos los hombres nacen con iguales derechos a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” y que los gobiernos se crean sólo para defender estos derechos fundamentales del ciudadano.

Desechando prejuicios delirantes, lo que realmente importa es revivir el americanismo, la defensa de los valores universales de la libertad, la vida y la propiedad que traen prosperidad y esperanzas a los pueblos y atacan en su misma raíz la miseria y la opresión.

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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