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Reforma y reelección

La ola constituyente en América Latina no deja de llamar la atención. Todos los proyectos tienden a la supresión de las autonomías y a la centralización. Al control de los instrumentos del Estado que sirven para la intervención.

Curiosamente, ninguna de las reformas políticas que se encaran en América Latina ignora la renovación del presidente en el poder. No olvidan que, más allá de los matices, deben incluir la reelección. En ocasiones más discretamente, como sería la propuesta de Correa en Ecuador, y en otros descaradamente, como la de Chávez en Venezuela.

Pero ninguna esconde esa pretensión del poder sin el cual el político latinoamericano no puede vivir. Como si siguieran el “manual del perfecto idiota” buscan retocar las constituciones (e instituciones) para no abandonar sus promesas de transformación. Y olvidan, dramáticamente, que lesionan uno de los principios básicos de la democracia: la alternancia en el poder.

Correa sigue esos pasos. Desprecia al Congreso, que es donde más claramente se manifiesta la representación, y propone una reforma que como punta de lanza propone su renovación. Una medida tan decepcionante como carente de sentido en un pluralismo que quiere consolidarse. El resultado previsible será, como puede entenderse, una nueva desilusión con respecto a las instituciones y a la clase dirigente.

La ola Constituyente, o Constitutiva que sucede en América Latina no deja de llamar la atención. Todos los proyectos tienden a la supresión de las autonomías y a la centralización. Al control de aquellos instrumentos que dejan en manos del Estado todas las palancas de supervisión. Sobre todo las económicas, sin las que los proyectos hegemónicos no podrían sustentarse.

Y ello provoca una lógica reacción. Lo que sucede en Bolivia es un emergente de esta situación. Las autonomías se resisten a que sus presupuestos y bases administrativas queden en manos del poder central. Se oponen a que sus propios fundamentos sean dirigidos desde el centro del poder y los engranajes arbitrarios de su decisión.

Diario Exterior da cuenta, día tras día, de estos sucesos. Los refleja con insistencia y también con preocupación. No porque éstos constituyan un paradigma de larga duración (aunque se repiten cíclicamente en la región), sino porque demoran y entorpecen las posibilidades de desarrollo. Generan incertidumbre y ahondan en la equivocación. En la idea de que todo progreso es posible sin esfuerzo y gracias a la tarea de un “salvador”. Estas y otras idiosincrasias son las que pueden encontrarse, dirá el observador, en la raíz de los problemas que lastiman a la región.

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