>Gabriela Pousa
Finales que recién empiezan…

Hablar de calidad de vida y de Feliz Navidad mientras se pierden vidas a diario por el accionar delictivo parece un contrasentido. Pero del tema se debe ocupar quién no lo hizo durante el primer período.

Último mes del año y aparentes últimos días de Néstor Kirchner ocupando el mando. Sin embargo, ningún final de etapa, ningún cambio de envergadura y una continuidad de políticas y de hombres que torna sin sentido un balance de gestión. Ésta se perpetúa con los mismos métodos, los mismos funcionarios… Incluso, los problemas de los primeros 4 años, perduran de manera tal que Lampedusa podría ser un escritor argentino plasmando el Gatopardo como coyuntura.

No hay siquiera que preocuparse porque la televisión se haya quedado sin ficción ya que, si bien se mira, hay ficciones diarias en la escena política argentina. La política se ofrece al pueblo en capítulos inconexos y con final siempre abierto. Los últimos acontecimientos que generaron debate terminaron en inexplicables silencios. Ni la masacre de los policías, ni las causas de corrupción que jaquearon al Gobierno como Skanska o Greco, ni las conspiraciones entre ministros o las internas viciadas de operaciones mediáticas duraron más de 48 ó 72 horas. Hace exactamente 4 años y medio que los argentinos viven hechos sociales, políticos, económicos con fecha de vencimiento. Desde Balcarce 50 se decide qué y cuánto dura un tema y hasta dónde puede alcanzar la polémica.

En rigor, nada de lo que se debatió en los grandes medios tuvo un comienzo, un desarrollo y un desenlace concreto. Todo ha quedado con final abierto. Desde la bolsa de Felisa Micelli, los nombramientos de Romina Picolotti, las causas por sobreprecios, los embates de Quebracho, los aprietes de Guillermo Moreno, la manipulación del INDEC, los decretos de necesidad y urgencia que permitieron sacar leyes sin necesidad del Congreso, los superpoderes, el caso López, la valija de Antonini Wilson, los fondos de Santa Cruz, las denuncias de Sergio Acevedo, el atropello de Daniel Varizat, el malestar del campo por las retenciones, los “tractorazos”, las marchas de Blumberg, la crisis del gasoil, el secuestro de Luis Gerez, la rebelión en San Vicente, los asaltos comandos a los bancos, las cajas de seguridad saqueadas impunemente, la anarquía en la Universidad de Buenos Aires, el rector elegido a dedo, etc., etc.… Nada terminó en realidad, todo sigue siendo conflicto sólo que pasado al olvido popular por decreto oficial.

Ninguno de esos temas hallaron una explicación válida, tampoco las amenazas en las entidades educativas. Puede saberse públicamente quién y de dónde llama un oficial de inteligencia y hasta hacerlo público en noticias pero no puede definirse de dónde salen cientos de llamadas amenazando escuelas. Quizás esto explique que la Argentina haya quedado ubicada en el lugar 51 sobre un total de 57 naciones de todos los continentes en una evaluación de prestigio internacional, que se realiza cada tres años y que mide el desempeño de alumnos de escuelas medias. Este índice sin manipular, lo que indica es el crecimiento real que tendrá la Argentina. La educación es base no complemento de todo el resto de variables. Y es que para que un país mejore deben mejorar sus habitantes… Por lo dicho hasta aquí es necesario tener en cuenta el consejo de la futura Presidenta: cuidado con comprar la Argentina que se muestra y mostrará donde todo lo negativo es sensación térmica y olvidarse de la Argentina real. Las diferencias no son sutiles y las consecuencias son graves.

El Gobierno nacional está dispuesto a seguir dando batalla en las áreas en las que ya demostró tener pericia para actuar, es decir en el manejo de la prensa y la comunicación institucional. Se acallarán así todos los conflictos que aparezcan aunque no por ello dejan de existir; basta observar el problema con la pastera en la costa de Uruguay. Nueva alfombra para cubrir lo que ya no tapa la vieja. Es cierto que se suman 4 años más, eso le obliga al kirchnerismo ser medianamente prolijo para que no surjan grandes embates desde el comienzo, poniendo en evidencia diferencias en el manejo del poder entre cónyuges. ¿Se habrán imaginado los argentinos que una mera crisis de alcoba puede desequilibrarlos y dejarlos en la zozobra?

La tarea principal de Néstor Kirchner apunta a crear esa Argentina de apariencias a la que hizo alusión la mismísima Cristina al despedirse de la senaduría. Cuidadosamente elaborado fue el discurso de la futura mandataria: advertencias varias con elipsis que, sin embargo, hablan… Lo que escandalice o huela mal será culpa de terceros o cuartos y el periodismo será responsable por dejar trascender cualquier tema que exceda lo deseado en Balcarce 50. Los voceros están determinados: Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, aunque este último deberá seguir sigilosamente los pasos del gobernador bonaerense por si acaso… No hay mucho más en lo que vendrá: si son los mismos protagonistas, y recitan el mismo libreto, la obra no es nueva. ¿Volverán a aplaudirla los argentinos? Esa es la mayor intriga. Muchas veces se ve más de una vez una película, pero la repetición sin tregua, en algún momento, satura la paciencia.

Se puede esperar anuncios de obras públicas que los habrá; algunas declaraciones de proyectos, pactos, acuerdos, etc. en el afán de perpetuar la política de control de precios traducida quizás en un control del miedo. Y es que el miedo vuelve a aflorar entre quienes tienen que seguir produciendo y vendiendo en un marco de controles con características mefistofélicas por demás. Los últimos años, la Argentina se ha convertido en un país donde los “ajuste de cuenta” están a la orden del día, donde los cadáveres aparecen de la noche a la mañana sin que se definan actores, causas ni protagonistas. La inseguridad que azota al común de la gente es otra cosa por más que haya líderes que quieran hacer creer que todo pasa casualmente. El sindicalismo puede dar fe que algo no anda bien y que hay costos que se pagan con sangre.

Para la sociedad en su conjunto la inseguridad dista de ser la “sensación” de la que habla León Arslanian. Hablar de calidad de vida y de Feliz Navidad mientras se pierden vidas a diario por el accionar delictivo parece un contrasentido. Pero del tema se debe ocupar quién no lo hizo durante el primer período. El clima está enrarecido. Los días pasan entre la inexplicable apatía general del pueblo que sólo espera el veraneo, y el stand by de los sectores productivos tratando de definir cómo es eso del poder bicéfalo.

Hasta ahora ayudó el comercio internacional, los precios de comodities, el llamado “viento de cola”, la suerte que es un factor inexpugnable de este Gobierno y una arritmia inexplicable de la oposición en la construcción de una alternativa. Habrá que ver de ahora en más, como se defiende un Mauricio Macri o un Daniel Scioli si sus ambiciones exceden el marco de sus competencias actuales. El esmerilado oficial ha de continuar, crear el antídoto es la función principal de las fuerzas de la oposición para resistir los embates.

Néstor Kirchner, mientras tanto, se va -sin irse- por la puerta grande aunque hoy no parezca que así sea. Guste o no, la realidad es una y la sensación de un microclima no puede con ella. Claro está que por esa puerta también salió alguna vez y aplaudido Eduardo Duhalde…

GABRIELA POUSA (*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE)

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