>El “imperio petrolero” bolivariano

En una eufórica intervención reseñada en el exterior, el presidente Chávez aseguró que “de lo que ocurra en Venezuela dependerá la salvación del mundo y de la humanidad”. En este estado emocional el primer mandatario “congeló” las relaciones con España y Colombia y se apresta a enfrentar la más crucial de las coyunturas en la historia de Venezuela.

Si alguien quisiera explicar con indulgencia la abrupta y temperamental respuesta del presidente Chávez a la suspensión de su mediación con la narcoguerrilla colombiana ordenada por el presidente Uribe, tendría que regresar a la cadena de reveses de la semana anterior que se inició con su desencuentro con el Rey de España y las repercusiones internacionales de su increpación a callarse.

El incidente, en sí mismo, marcó un hito en la historia de las relaciones protocolares y diplomáticas del mundo. A este embarazoso episodio se unió la manifiesta disconformidad de la anfitriona de la Cumbre Iberoamericana, la presidenta Bachelet, quien interrumpió el audio al presidente Chávez cuando intercambiaba agitadas palabras con el presidente Zapatero. Más tarde la presidenta reclamó con acritud las críticas de Chávez al tema central de la Cumbre, la “cohesión social”, previamente aprobada por el gobierno venezolano.

A este incidente siguió la intervención del monarca de Arabia Saudí en la III Cumbre de la OPEP, quien virtualmente despojó al mandatario venezolano de cualquier forma de representatividad de la organización cuando este propuso un mayor activismo político y la sustitución del dólar como moneda de transacción del cártel petrolero.

Más tarde, al arribar a París para reunirse con el presidente Sarkozy con las manos vacías, después de despertar infundadas expectativas sobre la prueba de vida de la ex candidata Betancourt secuestrada por las FARC, puso de relieve su fracaso como negociador y destacó su bien ganada fama de su desembozado afán de protagonismo.

Disonancia

En otras ocasiones hemos dicho que el presidente Chávez padece de esa condición que los sicólogos llaman disonancia cognitiva, un proceso mental de rechazo a la realidad o a la racionalidad cuando estas desafían sus decisiones o conductas erráticas. Es el caso del fumador que justifica su vicio en el relajamiento que le produce y en evitar subir de peso si abandonara el hábito a pesar de que toda la información científica le demuestra el daño mortal que le ocasiona.

El paradigma de Esfuerzo-Justificación que complementa la teoría postula que mientras más alta sea la disonancia más grande será el esfuerzo para disminuirla, lo cual conduce a exageraciones que se concilian con el inmenso deseo de que se logre el resultado deseado, no importa cuán descabellado sea.

Una prueba de este aserto fue la intervención de Chávez el pasado miércoles 21 a su llegada de estos accidentados periplos que lo llevaron a Chile, Irán, Francia, Portugal y, por supuesto, a Cuba. Por alguna razón que seguramente tiene su origen en los obstáculos que el gobierno le pone a los medios venezolanos, estos no reseñaron o pasaron por alto el eufórico discurso dirigido a la concentración de estudiantes oficialistas que acudieron a Miraflores a darle la bienvenida.

¿Folie de grandeur?

La reseña más completa de este discurso de Chávez la publicó la revista Milenio de Méjico y de la cual tomamos algunos de sus pronunciamientos: “El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, afirmó hoy que su país comenzó a tener el desempeño de una potencia mundial, al destacar su posición en la OPEP”.

En un discurso ante miles de estudiantes que lo recibieron fuera de la sede del gobierno dijo que de lo que ocurra en Venezuela dependerá “en buena manera” la salvación del mundo.

“Es muy importante que ustedes sepan”, les dijo, “que el mundo tiene sus ojos puestos en Venezuela.

“De lo que ocurre en Venezuela depende en buena manera la salvación del mundo, depende de buena manera que el mundo siga cambiando y salvemos a la especie humana”, señaló Chávez.

Destacó su participación en la reciente cumbre de la OPEP que permitió que la semana pasada entregara la presidencia de la conferencia de gobernantes con un precio del barril del crudo cercano a los 100 dólares.

Dijo que su país fue convertido en los años de 1980 y 1990 en colonia norteamericana y utilizado como un “caballo de Troya” que contribuyó al debilitamiento de la OPEP y casi a su “aniquilamiento”.

Chávez precisó que entonces “casi se regalaba el petróleo” y que de “no haber sido por la revolución bolivariana, por el pueblo y gobierno bolivariano, hoy la OPEP estaría liquidada !Hemos salvado a la OPEP!”, aseveró. Fin de la cita.

En este estado de exaltación se encontraba el mandatario venezolano cuando el presidente Uribe decidió suspender su mediación con las FARC. La violencia verbal de su reacción superó su propio estándar y, sin razón aparente, incluyó de nuevo a España, a la Conferencia Episcopal Venezolana, al cardenal Jorge Urosa y al rector Luis Ugalde.

Estos insólitos incidentes, nacionales e internacionales, y el discurso de marras, sirven para ilustrar el estado emocional del gobernante que deberá enfrentar a partir del próximo domingo la más crucial de las coyunturas en la historia de Venezuela.

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