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La obstinación de Sarkozy

El editorial de Diario Exterior comenzará con un par de preguntas: ¿es legítima la obstinación de Sarkozy por las reformas? ¿Conducen sus planteos a un destino reconocible, o es reformar por reformar?

La primera observación para este análisis es dónde se originan los cuestionamientos a su obstinación. Quiénes se oponen a la transformación: pues la administración del estado y los sectores más reacios al cambio. Aquellos que disfrutan de privilegios y se oponen a todo lo que suene como renovación. Sectores protegidos por la rutina y satisfechos en su propia degradación.

Sarkozy hizo sus planteos durante la campaña electoral. Habló de alivianar al Estado y devolver la iniciativa a la sociedad. De comprometerse con un verdadero programa de reestructuración de sentido esencialmente liberal. Acorde a los tiempos modernos y a las necesidades de renovación de esa sociedad.

Pragmatismo y renovación

Un discurso cerrado, coherente, ambicioso. Las críticas más insistentes lo marcan como un líder omnipoderoso que no escucha. Que no aplica en su foro interno aquello que predica para el exterior. Pero lo que ocultan estas críticas es que hacía tiempo que Francia no tenía un presidente con espíritu renovador y sobre todo, con el pragmatismo necesario para gobernar.

Sarkozy es de todo menos un improvisado. Las reformas internas, del transporte y la administración, fueron avaladas por el voto de la mayoría de la gente. Por una inmensa mayoría cansada de “aportes sin control” al Estado cuyo destino ignoraban y menos podían justificar. Pues Sarkozy ofreció una alternativa distinta.

Hace unos días Diario Exterior publicaba una noticia que confimaba el apoyo a las medidas: según Le Figaró, el 68% de los franceses “no aprueba” las peticiones salariales de los trabajadores ferroviarios, pertenecientes a la SNCF (compañía de trenes francesa). Destacaba después que “son los electores de la socialista Ségolène Royal los que aprueban en un 57% las peticiones de los huelguistas y los de la izquierda no socialista, que son el 70%”.

No sabemos cómo terminará este conflicto plantado hoy en la sociedad francesa. Pero lo que sí podemos saber es que su política estará marcada por un liderazgo. Por un esquema de reformas orientado hacia una dirección: la iniciativa privada y el esfuerzo individual como requisito de superación. Valores que parecían olvidados en el contexto europeo de hoy.

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