>Chavez, Putin y Cristina

por Claudio A. Jacquelin

Hace apenas unas semanas, Cristina de Kirchner ensayó en España una contundente defensa de Hugo Chávez o, lo que es lo mismo, una justificación de la política del gobierno de su esposo y un anticipo de que está dispuesta a continuarla si es presidenta.

Como no había aún escándalos con voladoras valijas verde dólar en el aire, sólo debió responder a los cuestionamientos centrados en la tolerancia de la administración K a la particular manera de Chávez de entender la democracia y las relaciones internacionales.

En su defensa afirmó: “América latina necesita a Chávez como Europa necesita a Putin”. Casi un “todos somos lo mismo” o un “no nos critiquen lo que ustedes también hacen”. Una vez más utilizó un recurso dialéctico habitual en el kirchnerismo, que consiste en descalificar al crítico sin debatir lo criticado.

Sólo 15 días después de que la senadoraprimeradamacandidata pronunciara su frase en defensa de las relaciones con el bolivariano, la dinámica de los acontecimientos obliga a una relectura del argumento.

La primera conclusión es que el paralelismo es algo más que un acierto.

De la comparación entre el ruso y el venezolano surge de inmediato tanto que comparten formación militar como que ambos hacen culto de la descalificación y la persecución sistemática de la oposición y de la prensa independiente o crítica de su gestión.

Pero la matriz común excede tales grotescos y se verifica en áreas menos visibles, como la económica, aunque a Putin no se le ocurriría tratar de resucitar a Marx en su país después del colapso soviético y Chávez no se animaría a admitir ante Fidel Castro que es un capitalista sólo un poco sui generis.

Ambos se han caracterizado por la arbitrariedad en el manejo de los recursos públicos y la domesticación o el sometimiento de los empresarios privados por el convencimiento o el acoso para que dejen su lugar a hombres de negocios amigos que sean funcionales a su poder.

No se sabe si la postulante a la presidencia tuvo en cuenta eso ni aclaró, sobre todo, si compartía sus modelos y modales cuando unió a Putin y a Chavez, pero las afirmaciones públicas hechas previamente por alguien a quien Cristina K escucha y respeta llevan a concluir que no le será fácil alegar inocencia.

José Nun, el otrora respetado intelectual que desempolvó su título de abogado para trabajar de defensor oficial, explicó en radio Continental la necesidad de “argentinizar” empresas para que éstas no estén sometidas a la lógica de la economía internacional sino a las necesidades locales. No explicó si diferenciaba entre Estado y gobernante. Como es un hombre de las ideas, tampoco habló de casos concretos, como los de algunos empresarios amigos del Gobierno que han ampliado notablemente sus negocios.

Pocos segundos antes el funcionario se había mostrado ferviente partidario de la entonces nonata candidatura presidencial de la senadora con el argumento de que así el kirchnerismo podría completar, como mínimo, 8 años de gobierno con pleno poder sin quedar expuesto al canibalismo del peronismo, potenciado -dijo- por la ausencia de institucionalidad de la vida partidaria.

Nun no desconoce lo que es el bonapartismo tanto como la candidata oficialista no ignora lo que hermana en política económica a Putin y a Chávez, a los que cita y justifica. ¿Ignorará lo que los iguala en materia de transparencia y corrupción, sobre todo después de los últimos episodios registrados por kirchneristas y chavistas en la Argentina?

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