>LUPA DE JUAN FRANCISCO GONZALEZ IñIGO

La vida interior

Esta es una breve historia de una reflexión que terminó en un escrito. Lo que sale del alma y del corazón en ocasiones debe ser escrito para compartir con amigos y lectores el proceso de una meditación, desde lo humano, desde el interior. A todo camino hay que dar un sentido.

1- Tibieza: Ayer hice una reflexión tras asistir a una meditación y me pregunté ¿cómo podemos hacerle para sacar los demonios que anidan en nuestra mente, corazón y lengua? Andan sueltos, como nosotros. Otra pregunta obligada fue: ¿Buscamos a Dios como centro para mejorar como personas y así ayudar a los demás, o solo nosotros somos el centro de todo? La repuesta es obvia: parecemos navegar seguros en un mundo light, sin dirección, donde nos hemos olvidado de Dios y nos creemos el centro del universo, verdaderos intocables, narcisistas rebosantes de vanidad y satisfechos con nuestras pequeñas medallitas. Hacemos nuestra santa voluntad, lo que nos da la real gana, sin luchar por ser mejores personas en todos sentidos. La falta de lucha en la tarea de volvernos personas, nos lleva al aburguesamiento y el relativismo total. Familias enteras caen en la desesperanza y la falta de amor por la tibieza, que nace de una dejadez prolongada en la vida interior, como dice Francisco Fernández Carvajal (FFC) (La tibieza, 1978) Todo es relativo donde reinan el confort, el dinero, la tibieza, la sensualidad y la soberbia, que dan la seguridad de un cóctel llamado éxito convencional. Vivimos en una sociedad permisiva llena de miserias humanas. No nos damos a nadie, tampoco nos desprendemos de nosotros mismos y se nos olvida a los cristianos que el Espíritu Santo nos ayuda e impulsa cuando ponemos el esfuerzo.

2- Poner amor: Se requiere una continua lucha cotidiana, con disciplina, para cambiar la actitud y traer una nueva música por dentro. Caer y volver a levantarse, una y otra vez, es el camino del cristiano. La humildad y la gracia sacramental son las claves para volver al redil, para subir los escalones de la felicidad a base de esfuerzo personal, de recuperar el amor de los que nos rodean, a veces tan extraños, tan lejanos. Decía San Pablo que solo cuando era débil era fuerte, y afirmaba San Juan de la Cruz que si ponemos amor donde no hay amor encontraremos amor. Todo se traduce en esa palabra mágica: dar amor. Las almas que luchan irradian alegría a granel, buena vibra. La mejor medicina es reírnos de nosotros mismos y pensar que solo somos el “centro” de nuestras miserias. Urge elevar nuestros niveles de conciencia para enriquecer nuestras vidas y las de los que nos rodean. Al rato vamos a estar como aquel paciente en estado de coma que le llevaron al sacerdote del pueblo, que le preguntó: ¿Te arrepientes de tus pecados? Como no podía responder sus familiares respondieron: -Sí se arrepiente, padre. A lo que el padre casi gritó: -¡Arrepiéntete de tus pecados cabrón! Finalmente el paciente con trabajo balbuceó: -Hasta el más cabrón clama a Dios, padrecito, pero que se vayan estos hijos de la… para confesarme.

3- Parálisis espiritual: ¡Cuánto daríamos por un mes, por un día o al menos una tarde de profunda alegría! ¿Cuánto vale un día de verdadero encuentro con un ser querido, con ese que no nos entendemos, llámese esposa o algún hijo? Todos necesitamos sentirnos queridos, pero escasea el amor verdadero. El problema es la parálisis espiritual en que vivimos los seres humanos. Nuestra debilidad en las fuerzas del alma es consecuencia de la falta de ilusión, porque no tomamos en cuenta el amor que Dios nos profesa, y nos quedamos solos, aislados, como si fuéramos los centros del universo. Nos perdemos en las cosas de afuera y no entendemos las cosas de adentro. Vivimos por tanto una vida interior con algunos chispazos ocasionales pero casi siempre evadiendo el más importante encuentro: con nosotros mismos y con nuestra conciencia, a los ojos del amor de Dios. Lo más peligroso de la tibieza, advierte el tocayo Fernández Carvajal, es que se parece a una pendiente inclinada que nos va alejando poco a poco y cada vez más de Dios. Nos sentimos tristes y no tenemos las fuerzas para vencer a esos demonios que nos acechan, y que son el mal humor, la desesperanza, la visión temporal de la vida, lo pasajero, lo trivial, el no esperar ya nada de la vida, vivir sin ilusiones e incapaces de amar al hijo o a la esposa o al hermano. El tibio, el que ya no lucha por ser mejor, generalmente solo espera la muerte física, sin darse cuenta que aún es tiempo de aprender el arte de vivir, de sonreír y de amar. Tambalearse y caerse es muy humano, lo inaceptable es agriarse la existencia y agriársela a los demás.

4- Envidia: Otra puerta abierta a la tristeza, además de la tibieza, es la envidia, tema del que me ocupé hace un año y medio. De este tema se habla mucho pero se escribe poco. Hace tres años me dijo otro tocayo, el padre Francisco Ugarte Corcuera, confesor y doctor en filosofía, que la envidia es un serio obstáculo para la felicidad. Si la alegría deriva de la posesión de un bien, la tristeza es causada por su relación con el mal. La envidia, un sentimiento humano pero negativo, es entristecerse con el bien ajeno. La envidia también radica en el egocentrismo, que toma cuerpo por comparación. La causa de la tristeza aquí no es un mal sino un bien. No es fácil entonces entender la tristeza ante la presencia del bien, si todo bien causa alegría. La envidia es un defecto en el modo de mirar que lleva al mismo punto de la falta de vida del alma: ¿Por qué no estamos satisfechos con nosotros mismos si somos el centro de todo? ¿Por qué –dice el buen Kiko Ugarte– nos molesta el éxito ajeno y no aceptamos que otros son mejores? ¿Por qué aspiramos a los bienes de los demás? Ay, nanita, ¿quién me va a ayudar a contestar estas preguntas entre las doctas y los doctos luperos? A mí ya no me da el coco. Mejor me cambio a las finanzas, un tema menos peliagudo.

5- ¿Crecimiento o inflación? Mejor aprovecho el espacio que me queda para contestar al lector y operador de valores del DF, Dr. Martín Borda, que me escribió para refutarme la LUPA 275 -Volverán los mariachis. Le comento que los inversionistas buscamos siempre un escenario ideal de alto crecimiento económico y baja inflación. Sin embargo, acepto, las aguas están muy revueltas. Un día la preocupación en EUA es el insuficiente crecimiento, incluso una probable recesión, y otro día aparece la inflación como la principal preocupación. Vivimos en una gran incertidumbre, Martín. Por ello la alta volatilidad en las bolsas de valores. Es poco común que preocupen ambas cosas al mismo tiempo, como sucede actualmente en Wall Street (WS), donde no pocos hablan ya de una estanflación, es decir, de un estancamiento económico con inflación, el peor escenario de todos. Ayer jueves los nuevos datos del incremento mensual de los precios al consumidor (IPC) en EUA fueron en su mayoría en línea con las expectativas de WS. El Departamento de Trabajo anunció que el IPC aumentó 0.3% en octubre, impulsado por un 1.4% de aumento en los precios de la energía. Ese fue el más alto aumento de los precios de la energía desde mayo. La inflación estructural (Core) del IPC, que excluye alimentos y energía, aumentó un 0.2% en octubre, para llegar a una tasa anual del 2%, considerada razonable para que la FED considere una nueva reducción de 25 pts en su reunión del próximo once de diciembre.

6- Nueva reducción: Mi impresión es que la FED reducirá las tasas de interés para reanimar el crecimiento. (Su misión no es solo vigilar la inflación, como hace el Banco de México aquí, también lo es alentar el crecimiento, pues lo peor por ahora sería caer en una recesión). Con un menor precio del dinero ayudarían a los bancos y financieras a mejorar el perfil de sus créditos y la calificación de sus hipotecas-basura. Aunque el riesgo de una mayor inflación existe, la FED tiene dos cartas en la manga: la deflación real en el mercado inmobiliario y la probable deflación en el mercado energético. Y tiene otro reto: la inflación importada, sea de China o de Europa (por la relación dólar-euro). Algunos analistas gringos prevén un posible aumento del IPC del 3.7% anual –su actual nivel- al 5% anual en los próximos meses, incluidos todos los productos y servicios. (Sin embargo, ese no es el criterio preferido por los gobernadores de la Reserva Federal, cuando toman decisiones sobre si deben modificar la tasa de interés. Ellos se fijan en la inflación estructural).

7- Mi impresión es que van a bajar las tasas y que quizá no haya gran presión por volver a subirlas, una vez que regrese y se estabilice el mercado energético a niveles de 70 dólares por barril. Serán claves los datos del empleo para saber por donde marchará la economía, pero soy optimista en que Ben Bernanke y su equipo harán una buena maniobra para llegar a las elecciones presidenciales dentro de doce meses con una economía en crecimiento y una inflación controlada. Esa es la apuesta y la opinión de un optimista: el autor de las LUPAS. Deseo con ello haber contestado la pregunta, con temor a equivocarme. La moneda está en el

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