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Para desquiciar a un rey

“Il faut le faire”, diría un francés. En realidad, no es fácil sacar de quicio a Juan Carlos I como para que abandone la compostura, antes de dejar la sala, después de gritarle a Hugo Chávez: ¡ Por qué no te callas!. Es que este personaje es “como demasiado” como habría dicho mi suegra que era muy pulcra o es un “adefesio” si estaba en el colmo de su indignación.

Así caminan los tiempos que vivimos. Mientras se realizaban actos oficiales de la reciente Cumbre Iberoamericana, un jefe de Estado se fue a jugar fútbol, otro a su restorán favorito de mariscos y antes de que se terminara, varios iban partiendo al estadio para participar en un acto popular partidista. Nadie se acordó mucho de la “cohesión social” ni de algunos acuerdos importantes que se adoptaron, como el del traslado de los fondos previsionales al país de jubilación de los emigrantes.

Después del “tapa boca” de Su Majestad -felizmente no escuchado por Chávez- y que para decir verdad no fue nada de protocolar y demasiado “tuteado”, lo que más resaltó en la reunión fue el entredicho argentino-uruguayo sobre el funcionamiento de la celulosa limítrofe de Botnia.

Lo demás fueron “Divinas Palabras” como las llamaría Don Ramón de Valle Inclán, siendo muy gentil con quienes las pronunciaron a borbotones, como correspondía a un foro de iberomaericanos.

La única solidaridad inmediata con España y su rey fue la del presidente Alan García, por su archiconocido encono con Chávez y porque como peruano que es, se comporta con gran educación. Los demás, nada. Como si el terror de perder los dólares de Chávez se los hubiera tragado. Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador y Bolivia le deben diversos créditos y grandes ayudas directas que obligan a sus dirigentes a soportar lo insoportable. La de él es una mala educación rayana en los mas vulgar y soez que se ha visto en un Jefe de Estado. Ni siquiera Fidel Castro, en tiempos mejores de su salud olvido completamente su formación jesuita. Basta recordarlo junto al Papa Juan Pablo II, cuando parecía un padre abad, mientras Clinton, en esos mismos días, “hacía de las suyas”, en el Salón Oval de la Casa Blanca, con una de sus “becadas”.

¡De Chile ni hablar! Con Lagos el incidente probablemente no habría ocurrido. Con su genio, habría hecho callar rápidamente al energúmeno antes de que la sangre llegara al río. La solidaridad de nuestro canciller con España y el rey, expuesta al día siguiente, fue bastante completa y bien explicada. Lamentablemente pareció un poco tardía quizás por haber tenido que ser consultada con la presidenta y los partidos que la apoyan.

En todo caso, lo que sobresalió por todos lados fue una falta evidente de educación, a veces producto de una ignorancia, o provocada simplemente por la ira. No existió lo que yo llamo en mis cursos una “Conducta Social Adecuada”, que debió haber primado aun sobre la repetida “Cohesión Social”.

Según el psiquiatra español Enrique Rojas, la base de nuestras vidas reside en el amor, el trabajo y una cultura adecuada. La educación, a todo nivel, es lo que más hace falta hoy día porque se considera un elemento en desuso

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