>Roberto Cachanosky
Argentina: La política del “después vemos”

Manotear lo que se tiene a mano y posponer las decisiones hacia el futuro es una estrategia que, más tarde o más temprano, se agota. ¿Estamos llegando al final de la fiesta o todavía hay cuerda para rato?

El aumento de las retenciones al campo confirma, una vez más, que la política económica parece estar basada en la siguiente estrategia: manoteo ahora lo que puedo y después veo qué hacemos. Es que el incremento de los derechos de exportación para la soja, el trigo y el maíz, lejos de ser parte de una política consistente, tiene como finalidad tratar de corregir el desborde del gasto público de los últimos años y, en particular, de los últimos meses. Basta ver los números fiscales para advertir que mientras el gasto corriente aumenta al 50% anual, los ingresos corrientes suben al 40%. Y no hace falta tener un master en Economía para darse cuenta de que, si los gastos crecen más rápido que los ingresos, en algún momento habrá problemas fiscales.

La medida en sí parece limitarse a tratar de obtener más recursos para la nación, dado que los derechos de exportación no son coparticipables. Sin embargo, no queda claro cuál va a ser el destino de esos fondos. Es decir, cuando el Estado decide apropiarse de una mayor parte de la riqueza que genera el sector privado debería definir para qué quiere esos mayores recursos. ¿Acaso tendremos mejor educación, seguridad, salud o justicia por el incremento impositivo? Es evidente que antes de continuar expoliando al sector privado, el Gobierno debería replantearse si con los recursos que tiene no puede mejorar la calidad del gasto. Dicho de otra manera, en vez de subir los impuestos podría hacer el esfuerzo de administrar mejor lo que ya recibe.

A diferencia de Fernando De la Rúa, que empezó su presidencia con un impuestazo en ganancias, el gobierno de Kirchner le allanó el camino a su mujer con otro impuestazo, aplicado a un sector que tiene escaso peso político, pero genera mucha riqueza. Si uno tiene en cuenta que en la Argentina debe haber unos 400.000 productores agropecuarios y supone que cada productor tiene una familia con otros tres integrantes en edad de votar, hábilmente el Gobierno acaba de castigar a solamente el 6% del padrón electoral. Es decir, obtuvo más recursos con escaso costo político. Al menos por el momento.

Lo que realmente sonó curioso fueron los argumentos que utilizó el ministro de Economía, Miguel Peirano, para justificar este incremento impositivo. Dijo el ministro: “Estas medidas van a generar estabilidad de precios, crecimiento de las inversiones, fortaleza de la economía en su conjunto y continuarán garantizando el sendero económico de alto crecimiento con estabilidad y generación de empleo”. Salvo que Peirano haya descubierto una nueva teoría económica, lo que la ciencia nos enseña es que a menor tasa de rentabilidad, menor inversión. Esto significa, en otras palabras, que si el Estado se apropia de la rentabilidad del sector agrícola, lejos de estimular la inversión, la espanta. Pero no solo espanta las inversiones en el sector agrícola, sino que el mensaje para todos los sectores productivos es: ojo, que si te va bien, el Estado te castiga con más impuestos.

Tampoco queda claro a qué sendero económico de alto crecimiento con estabilidad se refiere Peirano, salvo que realmente crea que es cierta la inflación que informa el INDEC.

También debería explicar Peirano por qué si el empleo está mejorando cada vez se ven más limpiavidrios en los semáforos. Todavía no me cierra esta baja en la desocupación con la creciente presencia de chicos que hacen malabarismos con pelotitas, vendedores de flores y otro tipo de rebusques que uno ve en las esquinas. ¿O será éste el tipo de trabajo que genera el nuevo modelo productivo?

El otro punto a considerar es por qué causa supone Peirano que los recursos manejados por los burócratas serán mejor asignados que si los manejara el sector privado. ¿Acaso los burócratas se sienten seres superiores e iluminados? ¿Se considerarán seres diferentes al resto del común de los mortales? ¿O será que al tener el monopolio de la fuerza se sienten con derecho a explotar en beneficio propio a quienes generan riqueza?

Como decía antes, estamos en presencia de una política económica basada en el manoteemos lo que hay y después vemos. Esto ocurrió con el problema energético, tema que por cierto parece ser tan urticante que hasta se le prohíbe hablar a los expertos por miedo a que hagan pública la realidad. Se congelaron las tarifas y se manoteó el stock de capital acumulado para financiar precios artificialmente bajos. Consumido gran parte del stock de capital, aparecieron los problemas. Ahora llegó el momento del después vemos y parece que no ven muy en claro para dónde ir.

Otro ejemplo es el de la inflación: manoteemos los índices de precios y después vemos qué hacemos con las subas. El después vemos está por llegar en cualquier momento, porque los dirigentes sindicales difícilmente se conformen con incrementos de salarios basados en los curiosos índices de precios que elabora el INDEC.

Contrariando el principio básico que rige en todas las economías prósperas, según el cual hay que ser previsible en las políticas públicas para atraer inversiones, el gobierno actual y su sucesora parecen querer inventar la pólvora pretendiendo basar el crecimiento en la imprevisibilidad de las reglas de juego.

El listado del manoteo es largo. Los mencionados temas energético e inflacionario son apenas dos puntos. La lista sigue con el tema fiscal, con el aumento descontrolado del gasto público y las nuevas subas de retenciones. No olvidemos el default del 42% de la deuda en pesos ajustable por CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia) como consecuencia del irreal Índice de Precios al Consumidor (IPC) que informa el INDEC (es decir, primero hicieron un festival de bonos ajustables por inflación y, cuando vieron que se les descontrolaba la cosa, inventaron una inflación menor). Tampoco se puede dejar de mencionar el caso de las jubilaciones que otorgaron a diestra y siniestra a gente que nunca había aportado al sistema y, cuando advirtieron que no podían financiarlas, pasaron compulsivamente al sistema de reparto a miles de personas que estaban en el sistema de capitalización para obtener sus recursos. Y, por último, recordemos la falta de previsión en el manejo de la deuda pública que hace que como los fondos no alcanzan para afrontar los vencimientos del próximo año y al tener cerrado el acceso al mercado financiero internacional se decida obligar a las AFJP (Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones) a traer a la Argentina los fondos de los aportantes que están en el exterior, para luego imponerles la compra de nuevos bonos y financiar los vencimientos sin importar qué les puede pasar en el futuro a los actuales trabajadores. En fin, todo es improvisado, con un profundo desinterés por las consecuencias de las medidas que se adoptan y sólo concentrádose en los beneficios políticos de corto plazo.

Desafortunadamente, todo esto no será gratis. Los costos llegarán más tarde o más temprano. Y los que piensen que esta fiesta puede durar para siempre serán quienes más desprevenidos van a estar y mayores pérdidas van a sufrir el día que adviertan que nos están conduciendo hacia el ojo del huracán.

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