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Gabriela Pousa
Los problemas de la Argentina

No hay mejor ejemplo ni más clara radiografía de cómo se manejan los problemas en la Argentina que lo acontecido con el conflicto por la instalación de la planta de celulosa Botnia. La gestión de Néstor Kirchner se ha caracterizado por la negación de los problemas, la dilación de los mismos, el uso demagógico y el maquillaje de la escena. Ni las advertencias tuvieron no tienen peso para un tipo de Gobierno donde prevalece el autismo y todo gira en torno a un solo eje: el Presidente. Así como, en el caso de las papeleras, no se tuvo en cuenta el reclamo de los asambleístas ni las señales que se mandaban desde la otra orilla, tampoco se están escuchando hoy las voces que avisan a dónde conduce la inflación no resuelta o la crisis energética ninguneada desde arriba.

Hay temas tabú en la Argentina. Ni el Jefe de Estado ni la Primera Dama están dispuestos a encarar los problemas, sí hay una clara disposición a disfrazarlos con todo tipo de estrategia: conspiraciones internas o externas, acusaciones para “agoreros del caos”, militares, ex mandatarios, empresariado o clase media… Cualquiera puede emerger en el escenario como culpable de lo que estalle por el simple hecho de no ser solucionado en el momento adecuado. La explicación a esta peculiar situación se halla básicamente en la soberbia, y en la ausencia de un gabinete donde cada cual tenga un rol definido y se haga cargo – con pericia y eficiencia- del área donde se encuentra. En el afán de acaparar las partes (economía, salud, educación, política exterior, desarrollo y acción social, infraestructura, etc.), Kirchner descuidó ni más ni menos que el todo. Hoy, esas partes no tienen cohesión ni responden a políticas públicas concretas aplicadas para atender las necesidades de cada sector. La política exterior es muestra cabal de esta desidia e incompetencia.

A un mes de la asunción de Cristina Kirchner, todo hace prever la continuidad de este sistema. Esa es la razón por la cual reina un absoluto silencio en torno a las figuras que se van o se quedan. Cualquier puede aspirar al cargo que sea. Cualquiera puede permanecer aún sin haber demostrado oficio ni hacer más mérito que la obsecuencia durante los últimos 4 años de gobierno. Cualquiera puede devenir ministro porque para serlo no es requisito en esta Argentina ofrecer ninguna garantía de conocimiento o de capacidad para la función pública. Eso explica también los nombres que hoy forman el entorno del Presidente. Nadie se atreve a enumerar una política concreta, por ejemplo, que se haya aplicado desde el Ministerio del Interior, en pro de mejorar la seguridad. Dicha cartera se asemejó más, en estos últimos años, a un salón de recepción de familiares de víctimas más a que a un organismo administrativo y de ejecución de medidas tendientes a prevenir o desterrar la delincuencia. Nadie sabe tampoco el mérito que tuvo Daniel Filmus, premiado con una banca a senador cuando los problemas de la educación van desde amenazas de bomba, toma de colegios, paros docentes hasta una insólita “solución”: adelantar un mes las vacaciones para evitar los desórdenes (decisión de las autoridades del Colegio Carlos Pellegrini sin ir más lejos)

Con esta reelección encubierta que fue la elección última, la Argentina no cambia de timón. El matrimonio presidencial se auto-convenció del éxito de una gestión y está dispuesto a repetirlo aunque ahora, algunos manejos arbitrarios de los conflictos le demuestren que “el horno no está para bollos”. Siempre será “el otro” el que causó la crisis. De esa manera hoy es Tabaré Vázquez el malo de la película por decretar el funcionamiento de la planta finlandesa. Ambos mandatarios, en rigor, se manejaron con similar altanería. Nadie, en definitiva, explica por qué se llegó a un clima de tensión tan innecesario como fotográfico. La Dama que ha de gobernar a la Argentina mantiene su mutismo frente a los temas.

La XVII Cumbre Iberoamericana no hizo más que poner en evidencia cómo es la política de la mayoría de los países de la región: una Sudamérica sumida en el populismo o dominada por caudillos donde todo se resuelve a modo de conventillo, mientras en los países desarrollados el diálogo, los acuerdos, los pactos y en última instancia la Justicia define los desencuentros y los pleitos. Basta observar la defensa que hiciera Rodríguez Zapatero de su antecesor en el cargo, José María Aznar más allá de sus diferencias ante el auditorio de mandatarios. No defendía sólo a un hombre sino a una Institución. En contrapartida, Hugo Chávez es el modelo que se sigue en la región: Venezuela, en consecuencia, es el destino.

Lo vivido en Chile no opaca sin embargo lo que aconteció en el escenario interno donde la dirigencia empresaria, reunida en Mar del Plata, apenas si se atrevió a mencionar alguno de los aspectos de otros atolladeros para los cuales no hay respuesta coherente desde el Gobierno. No puede asombrar a esta altura de las circunstancias un llamado del Secretario de Comercio para amedrentar a un ejecutivo. Esta metodología ya es moneda repetida y es también harto conocida por toda la dirigencia. Las denuncias, sin embargo, nunca llegaron a buen puerto. Siempre ha habido un obstáculo para que algún juez se expida al respecto. La impunidad no puede sorprender después de 4 años de gobierno. Tampoco puede despertar demasiado asombro que Daniel Varizat quede en libertad tras el atropello a los habitantes de Río Gallegos. Así se maneja la “justicia” (valgan las comillas) en la Argentina kirchnerista.

En el coloquio de IDEA se prohibió a algunos empresarios hablar de la inflación y la crisis energética, ciertas voces emitieron alguna alerta pero la complicidad viene siendo una constante que jaquea. Si acaso se digitan los temas, si los teléfonos suenan para amedrentar de una u otra manera, debería haber una suerte de antídoto o suficiente conciencia cívica y ética para la denuncia abierta. Los empresarios ceden por temor o porque cediendo igual el negocio les reditúa. Hay que asumir esta realidad dual de la Argentina: “si la plata sigue entrando, callarse no es tan malo”. Este teorema explica por qué aquel país que se proyectaba como granero del mundo y capaz de ser potencia, se halla hoy con un campo saqueado por las retenciones, con productores sin producción, con problemas gremiales, con muertes por inanición (sobre todo en el Chaco donde acaban de ser nombrados 4 mil empleados públicos más), con crisis en las estructuras políticas, con instituciones degradadas y con la verdad silenciada a la ciudadanía.

Hay un mecanismo de complicidades que impide el crecimiento verdadero, no el de los índices que son siempre efímeros e inciertos. ¿Es lícito que los empleados despedidos en el INDEC para poder manipularse los datos sin obstáculo hayan aceptado ser absorbidos por el Ministerio de Economía? Posiblemente lo sea, pero de esa manera lo que se logra es comprar voluntades, que no hablen. El pueblo no está al margen de esta situación: aquellos que aceptaron un 12% de aumento en sus salarios para liberarles las calles al matrimonio presidencial en Santa Cruz después de haber sido vapuleados y atropellados por un funcionario, también son responsables. Por acto o por omisión, los argentinos en su conjunto están aceptando este tipo de mecanismos que postergan el futuro y los dejan atados a una eterna coyuntura donde además nada es lo que parece ser, y todo se perpetúa. Nadie habla más del fraude electoral, los cordobeses ya se olvidaron incluso de Luis Juez, todos compraron que la masacre de los policías -que el mismísimo Presidente vendió como conspiración pre electoral- terminara siendo un hecho pasional. Skanska sigue siendo un enigma, y Romina Picolotti una “desaparecida” pese a que el tema del momento incumbe a su Secretaría. Simultáneamente, el gobernador de Buenos Aires se despide de su gestión con propagandas televisivas dando cuenta de los “éxitos” de su paso por la gobernación. Mientras los paros docentes se perpetúan, Felipe Solá pregona sus palmas en el manejo de la educación. La mentira se continúa y ha de continuar mientras se la acepte como verdad ya sea por ignorancia (muchas veces voluntaria) o por conveniencia (léase: mentirosos o engañados pero con posibilidad de salir de vacaciones en el verano…)

Tampoco se entienden las prioridades del Ejecutivo que prefiere buscar “con urgencia” los restos de Mario Santucho que desentrañar el paradero de Jorge Julio López por ejemplo. Por otra parte, las excavaciones en Campo de Mayo ya se han llevado tiempo atrás a cabo sin éxito, pero para la foto en los diarios, la orden presidencial es efectiva. No así resultó el plan para erradicar el hambre. El defensor del pueblo, Eduardo Mondino, consideró que la muerte de indígenas en el norte argentino responde a un “plan sistemático de exterminio”. ¿Será juzgado el Presidente y funcionarios como lo están siendo los militares de antaño?

Finalmente, se distrae con el pacto social que no es más que un eufemismo de negociados que nadie sabe con rigor en qué va a deparar. La puja es también repetida: Hugo Moyano versus empresarios y acuerdos o pactos para mostrar en el Salón Blanco. A ello se suman las internas del gabinete donde más allá de quien quede, poco será el poder que detenten. Dos mandatarios se harán cargo del país el próximo 10 de Diciembre aunque, si bien se mira, ya hay dos presidentes o al menos eso es lo que se vio horas atrás en la Cumbre de Mandatarios, donde nadie sabía con exactitud si a los argentinos los gobierna Néstor o Cristina. Y quizás no interese demasiado una inexistente diferencia puesto que ambos dominan hoy la Argentina.

GABRIELA POUSA (*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE)

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