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Por qué el crudo a US$100 el barril no entusiasma a las compañías petroleras

LONDRES—El barril de petróleo a US$100 es la ruina para los consumidores de combustible, pero tampoco es la bonanza para las grandes petroleras que uno podría creer.

La razón por la cual los grandes productores no pueden disfrutar plenamente de los altos precios son los acuerdos de producción que rigen a algunos de los mayores campos petroleros del mundo. Estos acuerdos estipulan que cuanto mayor sea el precio, menor será la producción y las reservas que recibirán las compañías.

Los inversionistas y analistas juzgan a los gigantes petroleros por su habilidad para bombear cada vez más crudo y encontrar nuevas reservas que reemplacen a las que ya han extraído. Así que cualquier declive en su participación en la producción y reservas puede tener un gran impacto en la forma en que los mercados perciben a las compañías como Exxon Mobil Corp., BP PLC y Total SA.

Aun así, lo que las grandes petroleras pierden en términos de volumen lo pueden compensar en rentabilidad. “Cualquier caída en los volúmenes va a ser más que compensada por el incremento de US$30 en los precios del crudo en los últimos meses”, dice Fadel Gheit, un analista de Oppenheimer, en Nueva York. “Todas las compañías petroleras ganarán mucho más dinero en el cuarto trimestre que en el tercero”.

Sin embargo, la baja en la producción llega en medio de otros dolores de cabeza. El aumento de la demanda de petróleo ha catapultado los costos de los campos petroleros, al impulsar la necesidad de trabajadores calificados, perforadoras y acero. También implica menores márgenes de refinación, o la diferencia entre lo que cuesta el crudo y lo que una compañía recibe por productos refinados como la gasolina. La volatilidad de precios está causando estragos en los cálculos de precios a largo plazo que apuntalan las grandes decisiones de inversión de las petroleras. Y cuanto más sube el precio, más incentivos tienen las empresas estatales para renegociar los contratos con el fin de obtener una mayor participación de las ganancias.

“En general, los gobiernos son los grandes ganadores cuando los precios alcanzan nuevos topes”, dijo la semana pasada el presidente ejecutivo de la empresa conjunta de BP en Rusia, TNK-BP, en una conferencia del sector.

La capacidad de las grandes petroleras de encontrar nuevas fuentes de crudo enfrenta el obstáculo de la nacionalización de los recursos de que han perseguido los países productores. Las estatales ahora controlan directamente el 37% de las reservas globales y representarán cerca de tres cuartas partes de la producción total para 2030, según la Agencia Internacional de Energía.

Algunos inversionistas están dándole la espalda a las petroleras tradicionales y migrando a las estatales, las cuales pueden aprovechar mejor el barril a US$100. Entre éstas se encuentra el campeón ruso OAO Gazprom y la brasileña Petróleo Brasileiro SA, o Petrobras.

“Las grandes petroleras son como dinosaurios”, dice Stephen Thornber, gerente global de fondos bursátiles de Threadneedle en Londres. “Su producción está estancada o en declive y sus retornos, bajo presión”.

Sin embargo, uno de los golpes más duros que enfrentan las petroleras occidentales está en los contratos de producción compartida, un tipo de acuerdo cada vez más común en el sector. Bajo estos pactos, los inversionistas corren con todos los costos, pero pueden recuperarlos en la producción antes de comenzar a compartir buena parte de los ingresos con el país sede. Los altos precios del petróleo hacen que los inversionistas recuperen los costos más rápidamente y tengan que comenzar a compartir lo que se conoce como “petróleo de ganancia” con el país antes de lo planeado.

Los precios también pueden presionar a los gobiernos a que renegocien los contratos de producción compartida para así recibir una tajada mayor. Kazajistán actualmente trata de cambiar los términos del contrato que rige a Kashagan, un gigantesco proyecto en el mar Caspio liderado por la italiana Eni, plagado de retrasos y excesos en los costos. En los últimos años, países como Venezuela, Argelia y Libia han endurecido los términos de sus contratos y el mes pasado, Nigeria les dijo a los inversionistas extranjeros que desea recibir una participación mayor en los acuerdos de su sector de explotación en aguas profundas.

“Debe recordar que para estos países, el petróleo es un commodity estratégico y siempre es una preocupación para ellos cuando las empresas extranjeras ganan mucho dinero con su crudo”, dice Mehdi Haroun, un abogado de Herbert Smith en París, especializado en contratos de producción compartida.

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