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Una lección de responsabilidad personal
Larry Elder

La raza de O’Neal no jugó ningún papel ni en su despido ni en su contratación. De modo que Jesse Jackson y Al Sharpton probablemente seguirán en silencio, para variar. <!– var IVW="http://libertaddigital.ojdinteractiva.com/cgi-bin/ivw/CP/Desarrollo_opinion_Sociedad::desaopi;"; document.write("“); // –>

Hace dos semanas llegué al aeropuerto de San Francisco. La joven y atractiva mujer negra del mostrador de alquiler de coches llevaba un distintivo que decía “Aprendiz”. Sonreí y dije: “Ese es un nombre extraño”. Ella se rió. Le pregunté si era de San Francisco. Ella respondió: “No, no soy de aquí. Soy de Atlanta.”

– ¿Por qué está usted aquí? – pregunté.
– Bien, regresé a casa de mis padres.
– Pensé que había dicho que no era de aquí.
– Bueno – dijo –, soy de aquí pero fui a la escuela en Atlanta, y prefiero aquello. De modo que lo considero mi hogar.
– ¿A qué se dedicaba en Atlanta? – pregunté.
– Estudiaba en la Universidad Clark, pero después de un par de años me quedé embarazada, de modo que volví a casa.
– ¿Va a clase ahora?
– No, porque me gusta demasiado el dinero que gano.
– ¿Tanto como para no ir a clase?
– Por ahora – respondió.
– ¿Qué es lo que no le gusta de San Francisco?
– Que sea tan racista – dijo.
– ¿Racista? ¿No es ésta una de las ciudades más de izquierdas del país? – pregunté. Ella puso los ojos en blanco.
– Firme aquí – dijo –. Ya sabe, debería haber terminado mi programa de formación hace algún tiempo, pero dado que soy negra, me hacen quedarme más.
– ¿Cómo sabe que se debe a que es negra? – pregunté, provocando que me mirara sorprendida de nuevo.

Al salir, dije:

– ¿Sabe? Teniendo en cuenta su don de gentes y su energía y determinación, creo que será capaz de superar cualquier obstáculo que le pongan en su camino.
– Espere, ¿qué quiere decir?
– Quiero decir que teniendo en cuenta su encanto y su evidente iniciativa, estoy seguro de que será capaz de tratar con cualquiera que se interponga en su camino, e incluso darle una lección.
– ¿Lo cree así? – preguntó.
– Estoy convencido.

Lo cual nos lleva a Stanley O’Neal, el ejecutivo negro que recientemente ha dejado su cargo al frente de Merrill Lynch.

¿Quién es Stanley O’Neal? Nacido en la Alabama de 1951, O’Neal pasó los primeros años de su infancia repartiendo periódicos, recogiendo maíz y algodón en la granja familiar y siendo educado en una escuela con una sola clase construida por su abuelo. Ocupó un empleo en la cadena de montaje de la General Motors y logró una plaza para estudiar ingeniería y administración industrial en el General Motors Institute. O’Neal consiguió más tarde una beca de Harvard, donde se sacó un master en administración de empresas. “Realmente no tenía una idea clara del mundo ni un modelo a imitar, pero tenía un fuerte deseo de aprender, y creo que eso es lo que me hizo salir adelante”, decía O ‘Neal.

Dejó General Motors por Merrill Lynch en 1986, donde inició un ascenso meteórico que le acabó llevando al consejo de administración 1998, presidente en el 2000 y consejero delegado en el 2002. En julio de ese año, cuando la revista Fortune nombró a O’Neal el ejecutivo negro más poderoso del país, éste rehusó hacer ningún comentario para el reportaje. La mayor parte de los entrevistadores se dieron cuenta de que O’Neal era reticente a hablar sobre su raza y procedencia, como escribiría más tarde la misma Fortune: “[O’Neal] se muestra reticente incluso a hablar sobre cómo es ser el primer afroamericano en dirigir una firma importante de Wall Street”.

Los expertos del sector elogiaron el año pasado a O’Neal, y su firma le recompensó por su récord de ingresos netos de 7.500 millones de dólares pagando a O’Neal 48 millones de dólares, una de las nóminas más abultadas de Wall Street.

Allá por el 2002, cuando O’Neal fue escogido como consejero delegado, Fortune publicó una noticia bastante larga en tono entusiasta sobre O’Neal titulada ¿Puede Stan O’Neal salvar Merrill?, en la que mencionaba su raza sólo una vez. Y una noticia de BusinessWeek, Merrill: ¿es Stan el hombre?, no mencionaba su raza en ningún momento. Y es que la mayor parte de las noticias se centraron en sus logros, su estilo de dirección y los obstáculos que afrontaba Merrill Lynch, pero no prestaron atención a su raza, al margen de observar que O ‘Neal era el primer consejero delegado negro de una gran firma de inversiones.

Pero al igual que hicieron muchos consejeros delegados de servicios financieros, O’Neal hizo unas cuantas malas apuestas en el mercado hipotecario. El derrumbe de las subprime dio lugar a un desequilibrio de 7.900 millones de dólares en los activos relacionados con el sector hipotecario en el tercer trimestre de Merrill Lynch. Sus rivales –Citigroupy otros– también perdieron enormes sumas de dinero. Tras su mandato de cinco años –que está en la media de un consejero delegado norteamericano– la junta le despidió.

En cuanto al fin de sus días al frente de Merrill Lynch, sólo unos pocos periódicos se molestaron en mencionar que O’Neal es negro, y normalmente lo hicieron en el cuerpo de la noticia. Un artículo de primera plana del Wall Street Journal decía: “O’Neal (…) está bien considerado por impulsar los beneficios de Merrill y transformarla (…)” A continuación, a mitad de la noticia, dice: “Nadie en Wall Street ha representado mejor la historia de Horatio Alger que O’Neal, que se convirtió en el afroamericano con el cargo más elevado en el sector financiero”. La noticia del New York Times, En Merrill, el ascenso de un hombre que gustaba del riesgo acaba en una desastrosa caída, no hace ninguna mención a la raza.

La raza de O’Neal no jugó ningún papel ni en su despido ni en su contratación. De modo que Jesse Jackson y Al Sharpton probablemente seguirán en silencio, para variar.

En cuanto a la aprendiz de la agencia de alquiler de coches, dudo que haya escuchado alguna vez hablar de O’Neal. Pero ciertamente se beneficiaría de algo que dijo una vez que el ex consejero delegado de Merrill Lynch en Newsweek: “Este es tal vez el único país del mundo en el que alguien como yo puede salir de la nada en la que yo empecé y acabar dedicándose a lo que me dedico.”

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