>Ecuador: Economistas con malas ideas

Gabriela Calderón

Guayaquil, Ecuador— Mientras que la tendencia mundial y en Latinoamérica es de abrirse al mundo en Ecuador hemos impuesto aranceles más altos a 567 partidas (más las 262 que podrían añadirse a la lista esta semana).1 El Presidente dice que este proteccionismo es necesario para “promover la base productiva y el empleo nacional”.2

El periodista económico francés, Frederic Bastiat decía que “Solo hay una diferencia entre un economista malo y uno bueno: el economista malo se restringe al efecto visible [de las políticas públicas]; y el economista bueno toma en cuenta tanto el efecto que puede ser visto como los efectos que deben ser previstos”.3

Creer que aumentar las barreras a las importaciones fomenta la producción nacional y el empleo nacional es el diagnóstico de un economista que solo se fija en lo visible. En cambio, entender que esto (1) suele resultar en una reducción neta de empleos debido a que reducirá el poder de compra de los consumidores y por lo tanto la demanda de bienes y servicios; y, que (2) suele generar empleo en las industrias protegidas a costa del empleo que se hubiese generado en las industrias no protegidas, que si podían competir bajo un régimen comercial abierto, es el diagnóstico de un economista que se fija en lo visible y en lo invisible.

Aún en el caso de que se de un aumento neto en el empleo en el corto plazo, no nos olvidemos de que el objetivo de un gobierno que “si sabe de desarrollo” (según lo dijo el Presidente) debería ser aumentar la calidad de vida de los ciudadanos, lo cual no necesariamente es lo mismo que aumentar el empleo. Si fuese lo mismo valdría prohibir el uso de las cosechadoras de arroz creando inmediatamente por lo menos 300.000 empleos (lo que se ve). Lo que no se ve, sin embargo, es que al crear esos empleos se eleva el costo de producción, perdiendo competitividad y castigando a los consumidores.

La apertura comercial es buena para mejorar las condiciones de vida, sobre todo en el caso de los países mas pequeños. Es así que en 1973 Chile redujo drásticamente el arancel promedio de 90% hasta llegar a una tasa promedio de 10% (luego 6%), estrategia que al ser combinada con la firma de acuerdos comerciales ha resultado en un arancel efectivo real de 2,4% en 2004.4 Al parecer no estaban equivocados puesto que han reducido la pobreza de 38,6% de la población en 1990 a 13,7% hoy.5 Y, si se trata de reactivar la producción nacional, abriéndose unilateralmente al resto del mundo a principios de los setentas, pasó de tener solamente 208 empresas que exportaban aproximadamente 412 productos hacia 60 países en 1970 a tener 5.666 empresas que exportaban 3.749 productos a 166 países en el 2003.6

Todo ciudadano que ha producido o comprado un producto debería tener el derecho de usarlo o de transferirlo a cualquiera que, alrededor del mundo, esté dispuesto a darle a cambio algo que desee. Quitarle ese derecho cuando no ha causado algún daño público y cuando solo se lo priva de ese derecho para beneficiar a otro ciudadano, sería legitimar un acto de saqueo e injusticia, y cuando se trata dizque de optimizar el uso de las divisas no olviden que los dueños del dinero son los ciudadanos y no el estado.

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