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Gabriela Pousa
El regreso a la Argentina conocida…

Las elecciones del pasado domingo no sólo develaron quién gobernará la Argentina en los próximos años sino que sirvieron para sacar a la luz un sinfín de temas que, si bien, siempre estuvieron latentes, no terminaban de asomar a la superficie. Posiblemente desde Balcarce 50 no querrían tampoco que así sucediera. Al superponerse la gestión de gobierno con la campaña proselitista y prestarle a esta última mucha más atención, el Presidente no advirtió que había un después del 28 de Octubre en la Argentina. Pero las elecciones con sus matices polémicos y sus “irregularidades” que, extrañamente, no pasaron de meras quejas son ya una anécdota.

Quedaron, sin embargo, consecuencias que han de marcar el escenario político de los próximos meses, y sobre todo quedó en evidencia el modus operandi de la política kirchnerista. Siguiendo los lineamientos del discurso de la Primera Dama, antes y después de haber resultado electa, la continuidad de esa metodología es lo que le espera a la sociedad argentina. En las horas posteriores a los comicios, emergió la esencia más cabal del oficialismo: la falta de tolerancia hacia el pensamiento diferente, el desdén hacia la oposición, las falacias para explicar lo que no requiere siquiera explicación y volvieron a surgir todos los conflictos que habían sido disfrazados con “soluciones” de muy corto plazo, una suerte de parches para llegar al día de la elección sin grandes sobresaltos.

Pero los sobresaltos vuelven a escena, y los conflictos se sucedieron uno tras otro a menos de 24 horas de finalizado el escrutinio. En primer lugar, la inflación y el INDEC siguen su trámite de divorcio. Para la Presidente electa el aumento de precios está medido con eficiencia aunque habrá cambios, contradictoria declaración. ¿Si se está midiendo en forma correcta para qué la modificación? A su vez, dio una definición muy peculiar a la cadena CNN. Para Cristina Fernández de Kirchner: “la inflación es una construcción mediática”. Conjuntamente con los algunos medios, erigidos como culpables de todo cuanto acontece adverso al Gobierno pese a su obsecuencia, parece que regresa el manido artilugio de las conspiraciones. ¿Cuánto tardará en escucharse decir que el mundo “conspira” contra la futura Primer Mandataria? Pero en rigor de verdad, lo que el mundo hace es mandar advertencias. Se le ha de complicar a Cristina el uso de la estrategia conspirativa dado que, en su primera entrevista después de electa, dijo sin titubeos: “No podemos ver conspiraciones por todas partes”. Tras ese sinceramiento, bienvenido por cierto, es difícil apelar a las acusaciones a diestra y siniestra aunque es esperable que se recurra a ellas. Dos bretes para la Dama ya que tampoco podrá echar culpas al anterior gobierno de los problemas.

La última semana, publicaciones como The Economist, Washington Post o Financial Times, entre otros advirtieron la necesidad de cambios para que el camino no conduzca una nueva crisis de esas casi cíclicas en la Argentina. La demanda de energía crece en forma despareja con la oferta. Antes o después, lo quiera o no el actual Presidente o su heredera, la ecuación no cierra. El último ranking de competitividad del Foro de Davos sitúa al país en una situación menos favorable a la de un año atrás. Del puesto 70 se pasó al 86. Estos indicadores como los otorgados por Transparency Internacional y los informes del Banco Mundial son los que se tienen en cuenta. No las polleras.

Una elección nacional que obró como plebiscito en realidad, y un poder bicéfalo ameritan respuestas concretas. Las alertas del exterior deberían contemplarse para evitar traspiés, pero el obstáculo es la soberbia. La soberbia del kirchnerismo es la que les ha restado un triunfo mucho más contundente. Hay modos y maneras que no llegan a la gente. Tampoco le llegan a la gente los 140 millones que, 4 días después de los comicios, se le entregaran a los intendentes del conurbano. Empezó la hora de contraprestaciones. Todo se paga en política, como dice el tango “los favores recibidos creo habértelos pagado y si alguna deuda chica por ahí se me ha olvidado…” deberá ser Cristina la encargada de liquidar el saldo. En la fila esperan Hugo Moyano y sus aliados, varios empresarios y un peronismo que, como el ave fénix resurge de entre las cenizas más ajenas que propias. Claro que pagará también la clase media su “infidelidad” a la herencia presidencial: tarifas de servicios públicos y otros costos le tocarán de manera directa.

Pero respecto a los social, la ciudadanía argentina tiene características muy singulares, si sale a veranear, podrá hacer la vista gorda a los precios en alza y “tolerar” la inflación negada desde Balcarce 50. Habrá que ver, sin embargo, la reacción cuando el verano termine y, por ejemplo, la canasta escolar muestre la otra cara de la moneda. Las clases más bajas no veranearon jamás, para ellos no hay diferencias y ese status quo en el que permanecen es lo que se les ha vendido como panacea. De allí el triunfo en esos bolsones de pobreza del oficialismo. El clientelismo se ocupa de que esas franjas sociales mantengan acallada la queja.

Si de algo no parece tener que preocuparse la futura Presidente es de la oposición, ésta parece estar nuevamente ocupándose sola de su autodestrucción. ¿Es necesario? ¿Tiene sentido la puja Roberto Lavagna – Elisa Carrió a días de la elección? El ARI contradice a la Coalición Cívica. Mauricio Macri y López Murphy se miran con recelo. No los une ni el amor ni el espanto. La fragmentación social tan proclamada al hacer una lectura de cómo se ha votado a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional, también socavó las cimientes de una dirigencia política que no aprende. Tropiezan no una ni dos sino mil veces con la misma piedra. Si se analizan las declaraciones cruzadas puede preverse que así como le regalaron 4 años de gobierno a Néstor Kirchner, van a rifar 4 años más en pro de Cristina.

En este regreso a la “normalidad”, cuando lo que se barrió bajo la alfombra vuelve a asomar, se ve claramente, y según las palabras del mismísimo Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que hay una “isla”, el microclima que entiende más allá de las mentiras que se le venden. Apenas cerrado el comicio, la Argentina volvió a ser la Argentina. Así, la “construcción mediática” para Cristina (léase: “la inflación”) retomó su cauce. Subió el precio de la nafta, la tarifa de los taxis, las cuotas de las prepagas, los impuestos, en definitiva subió el precio de todo aquello que no será contemplado en las futuras mediciones del INDEC. También volvieron los eufemismos para explicar lo que se hace y se deshace. Todo es factible de disfrazarse: hasta la culpa de que BOTNIA comience a funcionar es de Tabaré Vázquez y no de la imprevisión en materia ambiental que tuvo el Gobierno desde que se supo que existía un proyecto de instalación de plantas de celulosa en la costa de la ribera. Se negó el problema, se lo escondió para llegar a la elección y ahora vuelve a estallar sin posibilidad de marcha atrás. Así ha de suceder con todo lo que hoy se niega (la inflación sin ir más lejos) Basta observar como se obra respecto a la inseguridad: en vez de prevenirla, se pone más vigilancia y se habilitan líneas para denuncias.

Para mantener la costumbre, y como el futuro terminaba el 28 de Octubre, se regresa al pasado (¡hasta el FMI regresa!) y de la galera sale nuevamente las causas que siempre vienen bien para las portadas. La causa armas, la causa AMIA, la causa ESMA, la causa de los barra bravas, la causa de las pasteras, la causa del colegio Carlos Pellegrini que denota que la autoridad en materia educativa es como la autoridad de los presidentes de mesa que no asistieron a cumplir su función cívica… Y es que abolidas por decretos de necesidad y urgencia, las jerarquías, no es posible el orden en ningún eslabón de la cadena social, económica o política.

Mientras la Argentina busca nueva alfombra para reemplazar a la vieja y poder tapar lo que no se sabe desterrar, los vecinos aprovechan. Brasil no sólo adquiere los puestos vacantes que el país va dejando en materia de exportación por los conflictos irresueltos y la no rentabilidad de la producción sino también compra las empresas que la industria supuestamente favorecida por el “gobierno nacionalista” dejó sin capacidad competitiva. Para los próximos comicios, los argentinos podrán hacer las interminables filas más cómodos calzando alpargatas brasileras…

En definitiva, pasado el domingo 28 de Octubre la Argentina vuelve a la misma escenografía para representar la misma comedia. Lo triste de que así suceda es que los espectadores pudieron haber sido los protagonistas pero… no supieron o no quisieron darse cuenta. Otra oportunidad perdida.

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