>El desprecio del Congreso a la Constitución

Walter Williams

El juramento de toma de posesión prestado por los miembros de la Cámara y el Senado estadounidenses es el siguiente: “Juro (o prometo) solemnemente que respetaré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos contra todo enemigo, sea nacional o extranjero; que tendré fe y lealtad sinceras a la misma; que asumo esta obligación libremente, sin ninguna reserva mental o propósito de evadirla; que cumpliré fiel y honorablemente los deberes del cargo que estoy a punto de asumir. Pido al Señor que me ayude”. Tanto el presidente como los jueces federales pronuncian un juramento similar.

En cada nueva legislatura desde 1995, el congresista John Shadegg, republicano elegido por Arizona, ha presentado esta propuesta de ley de enumeración de poderes: “Cada propuesta de ley del Congreso contendrá una declaración concisa y sucinta de la autoridad constitucional de la que depende para su promulgación. El fallo a la hora de incluir esta sección dará lugar a una cuestión de procedimiento en la Cámara o en el Congreso. La disposición de esta cuestión de procedimiento no afecta a ninguna otra provisión sometida a votación.”

Dicho de otro modo más sencillo: si se aprobara, la Ley de Poderes Enumerados exigiría que el Congreso tuviera que especificar en qué lugar de la Constitución de los Estados Unidos está el permiso para la promulgación de leyes y demás acciones del Congreso. La propuesta de ley tiene 28 co-patrocinadores en la Cámara de Representantes.

Cuando Shadegg introdujo la propuesta de ley de enumeración de poderes, explicó que la Constitución le otorga al Gobierno federal poderes enormes, pero limitados. Los padres fundadores otorgaron al Congreso poderes específicos en lugar de generales para que cumpliera con su papel como el principal mecanismo de protección de la libertad. La Constitución da al Congreso 18 poderes específicos, descritos en su mayor parte en el Artículo 1, Sección 8. Los fundadores reforzaron esa enumeración mediante la Décima Enmienda, que dice así: “Las atribuciones que la Constitución no ha delegado a los Estados Unidos ni prohibido a los Estados, quedarán reservados a los Estados respectivamente o al pueblo.”

Apenas unos cuantos de los numerosos comentarios de nuestros fundadores manifiestan que su visión y la de la propuesta de ley de Shadegg son la misma. James Madison, al explicar la Constitución en El Federalista No. 45, dijo, “Los poderes delegados por la Constitución propuesta en el Gobierno federal son pocos y están definidos. Aquellos que han de quedar en los gobiernos estatales son numerosos e indefinidos. Los primeros se ejercerán principalmente en materias externas, como la guerra, la paz, la negociación o el comercio exterior.”

Con respecto a la cláusula de “bienestar general” utilizada con tanta frecuencia como justificación para ampliar el Gobierno, Thomas Jefferson afirmó: “El Congreso no tiene poderes ilimitados para proporcionar al bienestar general, sino solamente los específicamente enumerados”. James Madison dijo: “Si el Congreso pudiera hacer todo aquello que pueda hacerse por dinero y que promoviera el bienestar general, el Gobierno ya no sería un limitado poseedor de ciertos poderes enumerados, sino uno con atribuciones indefinidas sujeto sólo a excepciones particulares.”

Los congresistas, al rehusar abiertamente cumplir el juramento que pronunciaron al acceder al cargo, exhiben su profundo desprecio a nuestra Constitución. La pregunta que no he sido capaz de responder satisfactoriamente es si ese desprecio simplemente refleja otro similar mostrado por la mayor parte del pueblo norteamericano. Estoy seguro de que si James Madison, John Adams o Thomas Jefferson hicieran campaña para las elecciones presidenciales del 2008 expresando su visión del papel del Gobierno federal, los estadounidenses los echarían a patadas. La duda es: ¿Refleja esa hostilidad la ignorancia constitucional que provoca que el americano medio piense que la Constitución autoriza al Congreso a hacer cualquier cosa siempre que cuente con la mayoría o cualquier cosa que sea una buena idea? ¿O desprecian los norteamericanos las limitaciones que la Constitución impuso al Gobierno federal?

Saludo el valor del congresista Shadegg y los 28 copatrocinadores de la propuesta de ley de enumeración de poderes. Tienen ante sí una lucha monumental. El Congreso no está solo en su desprecio a la Constitución. Cuenta con la compañía de la Casa Blanca y, sobre todo, del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

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