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China 2007: ¿cuál es el diagnóstico?


El discurso inaugural del secretario general en el 17º Congreso, de casi dos horas y media de duración, ante más de 2.200 delegados, permite obtener algunas conclusiones. La primera es que Hu Jintao se felicita del alto crecimiento económico (10% de media anual en 2002-2007) pero muestra una considerable inquietud por los aspectos sociales y medioambientales del desarrollo del país, esto es, por los costes de las políticas de reforma y apertura. De ahí su llamamiento a fortalecer las políticas que beneficien al pueblo, mediante una “perspectiva científica del desarrollo” (que tenga en cuenta no sólo el crecimiento económico sino también sus consecuencias sociales, ecológicas, culturales, etc.), en aras de la construcción de una “sociedad armoniosa”, esto es equilibrada en lo social y en lo que atañe a las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza.

No es de extrañar esa preocupación. Por una parte, el “desarrollo científico” ya fue avanzado en el tercer pleno del 16º Comité Central en octubre de 2003, menos de un año después de que Hu accediera a la Secretaría General. Por otra parte, los problemas sociales y medioambientales de China, que ya eran muy serios en 2002, se han agravado durante el último quinquenio. China se ha convertido en el país más desigual de Asia, por delante de países como Filipinas. Según el Banco Mundial, sigue habiendo en China 318 millones de personas con unos ingresos diarios inferiores a dos dólares, lo que representa casi el 25% de la población. Junto a esas cifras, han aparecido recientemente otras, que indican que hay 320.000 personas millonarias (en dólares), así como 106 personas con un patrimonio superior a los 1.000 millones de dólares.

La brecha entre las prósperas y dinámicas provincias y localidades costeras y las atrasadas regiones del interior, de menor crecimiento, se ha mantenido, pese a los grandes esfuerzos por mejorar las infraestructuras en las segundas.

Los problemas medioambientales se han convertido en asuntos de extrema gravedad. Algunos especialistas dicen incluso que China es una distopía medioambiental. Es bien sabido que, según el Banco Mundial, 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo están en China y que, de acuerdo con previsiones de la OCDE, nada menos que 20 millones de personas morirán en 2020 por enfermedades respiratorias debidas a la contaminación. También es conocido que en 2006 China superó a EEUU como el primer país emisor de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero.

Otra constatación importante del discurso de Hu Jintao es que la política de ajuste macroeconómico, encaminada a evitar el sobrecalentamiento generalizado de la economía china, debe ser reforzada. Para tal fin, será sin duda preciso acelerar la reorientación de la pauta de desarrollo desde la inversión y las exportaciones hacia el consumo interno. Tal cosa exige reducir la imponente tasa de ahorro privado, lo que a su vez dependerá de los progresos que se hagan en sanidad, educación y pensiones. En otras palabras, la vertiente social del desarrollo que se pretende fomentar no sólo tiene la virtud de crear potencialmente, a la larga, una “sociedad armoniosa” sino la ventaja de enfriar, en el corto y el medio plazo, el crecimiento (además de reducir las fricciones comerciales con el resto del mundo).

Las nuevas políticas del PCC
Varios de los cambios principales que se han incluido en los Estatutos del PCC o que se han mencionado en los discursos oficiales están llamados a tener consecuencias políticas a corto y medio plazo.

Uno de esos cambios es la tesis de la “perspectiva científica del desarrollo”, que, en palabras de un texto distribuido, el último día del Congreso, por la agencia de noticias Xinhua, “desvela la determinación del PCC en promover un desarrollo más coordinado, sobre la base de la armonía social, la protección del medio ambiente y la conservación de energía, además de la expansión económica”. En la práctica, tal cosa se manifestará en que se mantendrá el objetivo de alto crecimiento económico a través de la reforma y la apertura, aunque con algunos matices. Por ejemplo, se ha aprobado que en 2020 el PIB per cápita será cuatro veces mayor que el de 2000 (en el anterior Congreso, se dijo que la magnitud que se cuadriplicaría sería el PIB total). Pero, por vez primera, se insiste en que tal cosa se conseguirá con una reducción del consumo de recursos (energía, agua, etc.) y protegiendo el medio ambiente. De ahí que quepa esperar en lo venidero más iniciativas de conservación de energía o de reducción de la contaminación del agua o del aire. Para tal fin, Hu Jintao insistió especialmente en la necesidad de dar prioridad a la innovación técnica.

Otro de los cambios en los Estatutos es el que se refiere al fomento del desarrollo del sector no público en la economía, destacando que el mercado desempeñará una función fundamental en la asignación de los recursos, aunque estará sujeto a un sistema de control macroeconómico. Eso significa que continuará el extraordinario crecimiento de las actividades y empresas privadas, que ya han alcanzado dimensiones muy importantes. Por ejemplo, se estima que en 2006 el número total de empresas privadas nacionales fue de 4,94 millones y que más de una quinta parte de la producción industrial de ese año se debió a empresas de ese tipo (parte a la que hay que sumar un 32% correspondiente a las empresas extranjeras). También se ha mencionado durante el Congreso que el PCC cuenta con tres millones de afiliados que son empresarios privados.

Otra política que seguramente se reformulará a partir del Congreso es la de control macroeconómico, de la que ha sido principal responsable el primer ministro Wen Jiabao. Esa política no ha tenido los éxitos que cabía esperar, a la vista especialmente de las altísimas tasas de crecimiento del PIB en los últimos trimestres y del rebrote de la inflación en 2007, que indican que los riesgos de sobrecalentamiento siguen siendo importantes. Una vez acabado el Congreso, las autoridades centrales intentarán sin duda recuperar el control sobre las díscolas provincias, responsables del fuerte aumento de la inversión en los dos últimos años. De hecho, el “fortalecimiento del control macroeconómico” ha sido citado, durante el Congreso, como el segundo gran objetivo, tras la promoción del “desarrollo científico” y de la “sociedad armoniosa”.

Los nuevos dirigentes
Hasta hace pocas semanas, todo hacía pensar que Hu Jintao impondría en el Congreso sus criterios, no sólo en lo que atañe a la línea política, sino también en la selección de los nuevos miembros del Comité Permanente del Politburó. Se intuía que la facción de Hu, conocida como la de los tuanpai (o antiguos dirigentes de la Liga de la Juventud Comunista, de la de Hu fue primer secretario a mediados de los años ochenta), colocaría en primera línea al elegido por el secretario general para sucederle en 2012. Todas las miradas se posaban entonces en Li Keqiang, de 52 años, secretario del PCC en la provincia nororiental de Liaoning y estrecho colaborador de Hu desde hace años.

Sin embargo, la facción rival (o “clan de Shanghai”), dirigida todavía por el que fue secretario general del PCC entre 1989 y 2002, Jiang Zemin, de 81 años, principal exponente de la “tercera generación”, ha demostrado tener una influencia mayor de la esperada, lo que ha obligado a Hu a pactar y a aceptar una solución de compromiso.

Como resultado de ese pacto, el número cinco de régimen, Zeng Qinghong, vicepresidente de la República y aliado de Jiang Zemin, ha salido del Comité Permanente, bien es verdad que, con 67 años, también por razones de edad, aunque Wen Jiabao, con 65 años, y el propio Hu Jintao, con 64, no están muy lejos del límite. Por motivos de edad, han sido desplazados del Comité Permanente otros dos dirigentes: Wu Guanzheng, de 69 años, encargado de la disciplina, y Luo Guan, de 72 años, responsable de la seguridad. Puesto que el viceprimer ministro, Huang Ju, había muerto en junio de 2007, ha habido cuatro bajas en el Comité Permanente elegido tras el 16º Congreso en 2002.

Tras el 17º Congreso, se han mantenido en el Comité Permanente el propio Hu Jintao, Wu Bangguo (66 años), presidente de la Asamblea Popular Nacional, el primer ministro Wen Jiabao, Jia Qinglin (67 años), presidente de la Conferencia Consultiva y Li Changchun (63 años), encargado de labores ideológicas. En otros términos, conservan sus cargos los números 1, 2, 3, y 4. El antiguo número 8 (Li Changchun) pasa a ser el número 5. Se suman como número 8, He Guoqiang (64 años), secretario de organización, y como número 9, Zhou Yongkang (64 años), ministro de Seguridad Pública.

La novedad con respecto a lo que se intuía hasta hace unas pocas semanas es que ha entrado en el Comité Permanente, como número 6 del régimen, Xi Jinping (54 años), secretario del PCC en Shanghai e hijo de un dirigente histórico de la época de Mao, y que Li Keqiang se ha tenido que conformar con ser el número 7. Si en 2012 se mantuviera el ritual de otros Congresos, Xi pasaría a ser secretario general (y luego presidente de la República) mientras que Li tendría que conformarse con el puesto de primer ministro. Pero algunos analistas señalan que no cabe descartar aún una elección abierta en 2012 entre Xi y Li para el puesto de secretario general.

Conclusiones: La inclusión, en los Estatutos del PCC, de la “perspectiva científica del desarrollo”, junto con el pensamiento de Deng Xiaoping y la teoría de las “tres representaciones” de Jiang Zemin (que significa que el Partido representa a las fuerzas productivas avanzadas, a las fuerzas de la cultura y a los intereses de la mayoría del pueblo), hace que Hu Jintao vaya a pasar a la historia, al igual que sus antecesores, como uno de los principales responsables de la política de reforma y apertura de China. Es de destacar que Hu ha conseguido incluir su enfoque en los Estatutos en sólo cinco años desde que accedió al cargo de secretario general, cuando su predecesor tardó trece años (entre 1989 y 2002) en ver reflejadas en ellos su teoría de las “tres representaciones”. Tal inclusión significa que la influencia política e ideológica de Hu, tras su primer mandato, es particularmente importante.

La oficialización del “desarrollo científico” también hace prever que se acentuará en los próximos años la orientación social y medioambiental de las políticas gubernamentales. El 17º Congreso se ha fijado la meta de cuadriplicar en 2020 el PIB por habitante del año 2000, pero con un menor consumo de recursos y un mayor respeto por el medioambiente. Cabe esperar pues un mayor activismo en la conservación de energía, agua y otras materias primas así como una lucha más decidida contra la contaminación del aire o del agua. Eso se puede manifestar en un aumento decidido en los gastos en investigación y desarrollo.

Otro cambio en los Estatutos del PCC está relacionado con la inclusión, por primera vez, del fomento de las actividades y las empresas privadas. Eso podría indicar que el proceso de “privatización desde abajo” de la economía china se mantendrá e incluso se acelerará. Ese “capitalismo popular” (o, si se quiere, esa “economía socialista de mercado con características chinas”) tiene sin duda razones de lógica económica pero responde principalmente a la voluntad de mantener la legitimidad que la prosperidad individual aporta al régimen de partido único.

En otro orden de cosas, los llamamientos a fortalecer el sistema de control macroeconómico son síntomas de que los dirigentes chinos están todavía preocupados por los riesgos de sobrecalentamiento de la economía. Es muy posible que, tras el Congreso, el Gobierno renueve los esfuerzos para que las provincias frenen sus inversiones en infraestructuras y sus incentivos a las exportaciones.

Finalmente, la pugna entre facciones que parece que muestra la composición final del Comité Permanente del Politburó significa, en esencia, dos cosas. En primer lugar, que el poder de Hu Jintao no es tan omnímodo como podía parecer y que el antiguo secretario general Jiang Zemin goza todavía de apoyos considerables. En segundo lugar, que el PCC, si está dividido, insistirá a partir de ahora especialmente en la estabilidad social y, por tanto, en el inmovilismo político, así como, probablemente también, en el nacionalismo.

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