>Presidente Ecuador gana ‘madre de todas las batallas’

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El presidente de Ecuador, Rafael Correa, es un firme convencido, al igual que el filósofo chino Sun Tzu, que la guerra es un asunto de vida o muerte, incluso en el campo político. Y las urnas no paran de darle victorias.

El popular líder nacionalista se impuso nueva y abrumadoramente el domingo a una debilitada oposición en la elección de los 130 miembros de una asamblea constituyente, que tendrá poderes omnímodos para acometer en una reforma política y constitucional en la inestable nación.

Según sondeos, las estrellas se alinearon otra vez para Correa, quien habría conseguido la mayoría para controlar la asamblea sin el apoyo de otra fuerza el organismo, en una nueva victoria electoral que encarrila su idea de instaurar el “socialismo del siglo XXI” en el quinto productor de crudo de Sudamérica.

El mandatario, que ha ganado tres de los últimos cuatro procesos electorales registrados en el país andino desde hace un año, habría conseguido más de 70 curules, en parte por su histórico alto nivel de popularidad alimentado por sus millonarios programas sociales y productivos.

“El pueblo ecuatoriano ha vencido en la madre de todas las batallas y lo ha hecho en forma increíble,” dijo Correa, apelando a una frase célebre del derrocado líder iraquí Saddam Hussein que muestra su obsesión, discursiva y práctica, por derrotar a sus contendientes en todos los campos.

La meta de Correa, el octavo presidente de Ecuador en una década, fue superada ampliamente y ahora podrá instrumentar reformas como reducir el poder que los partidos políticos hegemónicos ejercen en las estructuras estatales, cambiar la división territorial y fijar parámetros económicos.

Nadie ha podido ponerle freno a sus aspiraciones desde que asumió el cargo en enero, para lo que no ha dudado en desplegar a cientos de policías para impedir que diputados opositores destituidos por la oficialista corte electoral bloqueen la asamblea, apoyada mayoritariamente en un referendo en abril.

UNA HISTORIA DE TRIUNFOS

La propuesta caló en un electorado decepcionado de políticos tradicionales calificados de corruptos e incapaces para enfrentar los problemas que doblegan al país, como la pobreza que afecta al 50 por ciento de la población o las revueltas que han defenestrado tres presidentes desde 1997.

La asamblea no está contemplada en la Constitución vigente, pero, con la fuerza de los votos, Correa logró imponerla en la agenda política, en medio de la preocupación de organismos internacionales respecto a la posibilidad que la endeble democracia soporte el proceso de reforma sin estallidos.

Cargando a cuestas referencias de que quiere imitar la revolución socialista de su amigo y presidente de Venezuela, Hugo Chávez, el mandatario ecuatoriano ha prometido no dejar piedra sobre piedra tras su Gobierno, lo que mantiene en alerta a inversores y electores moderados.

Los detractores de Correa consideran a su plan como una riesgosa revolución de papel, por su intención de modificar la Carta Magna al estilo de Chávez para consolidar su poder e instaurar un régimen totalitario que podría atentar contra los fundamentos económicos y políticos del país.

“Las asambleas y los referendos terminan erigiendo estatuas a los dictadores,” afirmó el editorialista Hernán Pérez Loose en referencia a las iniciativas de Correa, quien saltó a la palestra pública tras ocupar por 100 días el Ministerio de Economía en el 2005.

La designación marcó un punto de inflexión en la vida del economista y miembro de una familia de clase media marcada por la sentencia de su padre por narcotráfico en Estados Unidos. Su salida en medio de enfrentamientos con el presidente Alfredo Palacio arrancó un suspiro de los mercados.

Pero, Correa demostró que su futuro no era regresar a las aulas y con el apoyo de un movimiento ciudadano y partidos pequeños construyó una base firme que le abrió las puertas del Palacio de Carondelet, desde donde ha calificado de “burros” a sus opositores o a los periodistas de “bestias salvajes.”

Ahora que las urnas lo han vuelto a favorecer, Correa -un ex misionero católico- tendrá que enfrentar una nueva batalla: demostrar que otra Constitución definitivamente sí puede cambiar la vida diaria de los ecuatorianos o pagar el costo político de no hacerlo.

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